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El progresismo conservador de Marta Lucía Ramírez

Escrito por Redacción R+F

Perseverancia, disciplina y valor podrían ser los mejores calificativos para describir la vida pública de Marta Lucía Ramírez. De madre liberal y padre conservador, se forjó a pulso a partir de una familia de clase media alta que además contaba con el honor de tener en el tío Jesús Ramírez Suárez al presidente más joven de la Cámara de Representantes.

La mayor y única mujer entre cuatro hermanos surgió profesionalmente a mediados de los años setenta en medio de una clasista sociedad bogotana, que al tiempo que ofrecía nuevas oportunidades a las mujeres, veía con desconfianza sus capacidades laborales. Marta Lucía ascendió rápidamente a los más altos cargos del sector privado y público a través de su tenacidad, su belleza y del círculo social que encontró en su alma máter: la Universidad Javeriana.

A los 21 años se casó con el arquitecto Álvaro Rincón, con quien conserva un sólido matrimonio de 42 años, y quien además de esposo y padre, ha sabido ser un excelente coequipero para Marta Lucía durante su agitada vida pública.

Marta Lucía Ramírez y su esposo Álvaro Rincón. Imagen: Juan Pablo Pino – La Silla Vacía.

Recién graduada como abogada entró a trabajar en la Superintendencia Bancaria donde llegó a ser Directora de Bancos, hasta que luego de ocho años de búsqueda por fin quedó en embarazo y decidió retirarse de su trabajo para cuidar a su hija María Alejandra. Sin embargo, tan solo un mes después del nacimiento, Luis Carlos Sarmiento Angulo, quien llegaría a ser el hombre más rico y poderoso de Colombia, le propuso ser su asesora jurídica. Propuesta frente a la cual, según narró a La Silla Vacía para un perfil que le hizo en 2014, “no lo dudó y al día siguiente estaba en el mismo piso del magnate trabajando a su lado”.

Marta Lucía Ramírez con su madre Alba Blanco de Ramírez y su hija María Alejandra Rincón. Imagen: Jet Set.

Fue presidente de MazdaCrédito durante cinco años y luego, de la mano de Sarmiento Angulo, llegó a presidir el gremio de instituciones financieras, ANIF, y desde ahí dio un salto al sector público, buscando un Ministerio como primer peldaño hacia la realización del sueño de toda su vida: ser la primera mujer presidente de Colombia.

Pensó que lo había logrado con el Presidente César Gaviria, cuando le propuso convertir el INCOMEX (Instituto Colombiano de Comercio Exterior, para el cual había sido nombrada), en el actual Ministerio de Comercio Exterior, proyecto que diseñó y ejecutó en su integridad, pero que le depararía su primera gran decepción política: cuando el Ministerio estuvo listo se lo entregaron a Juan Manuel Santos por meras cuestiones de linaje familiar y político, y ella debió conformarse con ser su viceministra. Algo que le enseñó que en el mundo de la política tendría que trabajar el doble para lograr sus aspiraciones, y que debería estar preparada para la frustración de no recibir lo que por sus méritos le debería corresponder.

Esta experiencia también le afianzó en su derrotero personal una tarea que asumiría con radicalidad desde su juventud: la de combatir la forma tradicional de hacer política. Algo que ya había decidido desde su primer contacto con la política de maquinarias, cuando su entonces profesor Gabriel Melo Guevara la invitó a la campaña presidencial de Álvaro Gómez para “envolver votos”, según se usaba en esa época en la que no existían los tarjetones electorales.

Durante el Gobierno de Ernesto Samper (con quien tenía una amistad desde la Universidad), trabajó en el diseño en su programa económico y comercial junto a Cecilia López Montaño y a Guillermo Perry, hasta que por fin, en el Gobierno de Pastrana le llegó la oportunidad de ocupar el Ministerio que ella misma había creado, el de Comercio Exterior, y luego en el Gobierno de Uribe se consagró como una de las principales figuras políticas de nuestro país al asumir una de las vitales responsabilidades de su programa: el Ministerio de Defensa.

Imagen: El Tiempo.

Ese pico en su carrera política tuvo un sabor agridulce. Por una parte, diseñó la exitosa estrategia “Vive Colombia, Viaja por ella”, que significó tal vez la primera señal de lo que sería una nueva era de optimismo, esperanza y seguridad para un país que se sentía doblegado por la violencia comunista; y además tuvo la responsabilidad de redactar la “Política de Defensa de Colombia”, eje fundamental del mandato del presidente Álvaro Uribe.

Por otro lado, esa responsabilidad le exigió sacrificios enormes a nivel personal y familiar, entre otros, el de tener que enviar al exterior a su hija María Alejandra por motivos de seguridad, donde finalmente se radicó. Además, salió prematuramente del Ministerio por desavenencias con los generales, en parte por la particular lucha de Ramírez para hacer más transparentes los procesos de contratación del Ejército, conocidos por su opacidad y corrupción, pero también por su estilo de liderazgo dominante, poco dado a escuchar otros puntos de vista, al punto de generar roces con generales, ministros y hasta el mismo Uribe.

Personalidad conservadora y moral liberal

De acuerdo con la descripción que el Laboratorio de Valores, Ideología y Moralidad de la Universidad de Virginia hace de las principales inclinaciones políticas de las personas, los liberales son más individualistas e inclinados a buscar cambios y cosas nuevas, tanto a nivel personal como social; mientras que los conservadores valoran más la autoridad, las instituciones y la tradición, al tiempo que prefieren lo estable, familiar y predecible.

La inclinación de Marta Lucía Ramírez hacia un gobierno con autoridad y orden, su apuesta por un manejo técnico de las decisiones políticas, su defensa sistemática de las instituciones y su compromiso con una ejecución limpia y rigurosa del presupuesto público, hacen que ideológicamente se sienta cómoda en lado conservador del espectro ideológico.

Desde el punto de vista psicológico, podría decirse que Marta Lucía encarna muy bien esa característica de la personalidad política conservadora consistente en la “resistencia al cambio”. Sin embargo, cuando los políticos no tienen una posición ideológica fundamentada en temas morales, este tipo de personalidad puede ser engañosa para el electorado conservador en relación con lo que pueden esperar de ellos en temas polémicos, pues pueden terminar cediendo a la presión cultural o política, se acomodan, convirtiéndose en los más efectivos defensores del “statu quo”, algo que los hace los adversarios preferidos para los revolucionarios de izquierda, pues saben que con ellos todas sus victorias en temas morales se terminan consolidando.Ejemplo de este tipo de políticos son el ex primer Ministro conservador de Canadá, Stephen Harper, quien se definía como provida, pero que durante los 9 años que gobernó Canadá (2006 – 2015) fue muy efectivo evitando que se “reabra el debate sobre el aborto”, vetando todas las iniciativas provida de su partido (ver); así como el actual presidente conservador de España, Mariano Rajoy, quien hizo campaña en 2011 con un programa provida, pero que una vez en el poder no sólo vetó la derogación a la ley de aborto libre que el gobierno anterior había aprobado en 2010, sino que expulsó de su propio partido a los congresistas que intentaron impulsar reformas provida (ver).

Stephen Harper y Mariano Rajoy. Imagen: eldiario.es

El caso de Marta Lucía Ramírez podría terminar siendo similar, con mayor razón si se tiene en cuenta que en sus costumbres y en su visión religiosa, la candidata de Pastrana desde joven ha tenido inclinaciones más bien liberales, mostrando bastante simpatía por la Revolución Sexual de los años Sesenta.

Como lo describe muy bien esta nota de El Tiempo, la minifalda que se introdujo en nuestro país en 1966 a través de un “desfile benéfico a favor de los niños de los chircales” de Bogotá, más que una moda, “se convirtió en bandera. Era la forma de expresar la rebeldía contra la sociedad pacata y rezandera…una protesta contra la traída de los niños de París y contra los tabúes del sexo… Precursoras de este mínimo grito de independencia fueron la píldora, la liberación sexual y la inglesita Mary Quant”.

Y hace 47 años, cuando apenas tenía 16 años, Marta Lucía supo ponerse a la vanguardia de este movimiento, no solo dentro de su grupo de amigos del colegio, sino ya como toda una figura pública que modelaba de forma sugestiva para revistas, y publicidad de champús, cremas y jabones.

Marta Lucía Ramírez en 1970, cuando modelaba para los medios colombianos a sus 16 años. Posando con profundos escotes sin brasier y en minifalda, las actitudes de la candidata en su juventud eran muy poco “conservadoras” para la época. Imagen: Cromos y Colarte.com.

Ese estilo de vida ha impactado en la forma de ver su fe, pues al tiempo que afirma ser “católica, apostólica, romana. Voy a misa, comulgo”, manifiesta su deseo de que la Iglesia cambie la doctrina en los puntos con los que no está de acuerdo: “discrepo de algunas posiciones de la Iglesia que han sido demasiado radicales y que el papa Francisco está revisando en buena hora” (ver).

En esa misma línea afirmó hace cuatro años, aspirando también a la Presidencia: “no debe haber embarazos no deseados. Esto requiere papás que estén al lado, que cuiden y orienten. La educación sexual también implica el uso de dispositivos y preservativos” (ver).

En relación con la agenda LGTBI y, en especial, con el debate sobre las cartillas de educación sexual que tumbaron a la Ministra Parody, la posición de Ramírez fue de admiración por la Ministra y exigencia de respeto, no enfocándose en la dignidad de la persona como lo hace un católico como Ordóñez, sino en la “condición homosexual” como hacen los activistas gays.

También defendió el “enfoque de género” de los Acuerdos de La Habana, que a la hora de la verdad abrían puertas para fortalecer el activismo gay y la promoción del aborto:

En especial, en cuanto al aborto, Marta Lucía ha terminado haciendo un giro a favor de su legalización, lo cual deja en evidencia su volubilidad en temas morales.

En una primera etapa, cuando en 2006 la Corte Constitucional debatía la despenalización del aborto, Marta Lucía Ramírez, la entonces número 3 de la lista al Senado por el Partido de la U, manifestó una tajante posición a favor de la vida sin excepciones, en línea con la posición de la Iglesia católica y de los movimientos provida.

Unos meses más tarde, en cuanto se conoció la decisión de la Corte Constitucional de eliminar la protección penal para la vida de los bebés en gestación (supuestamente sólo para “tres causales”), el 10 de mayo de 2006, la recién electa senadora declaró a El Tiempo: “La Corte me sorprende porque, a pesar de ser tan garantista y de que en la Constitución prima el derecho a la vida, desconoció las garantías que debe tener la vida del bebé. Con este fallo el aborto podría generalizarse” (negrillas fuera de texto, ver).

Sin embargo, muchos de sus seguidores se sorprendieron cuando al cabo de unos años su posición al respecto comenzó a “evolucionar”, y ya para 2011 se había convertido en una férrea defensora de las sentencias de la Corte, no solo en materia de aborto, sino también en cuanto a la promoción de la homosexualidad y la ideología de género, atacando al entonces Procurador Alejandro Ordóñez por su defensa de la vida y de la familia.

Fuente: Twitter @mluciaramirez

[Para saber más sobre la conexión de Marta Lucía Ramírez con la implementación de la agenda política de Profamilia, haga clic aquí.]

Como si fuera poco, en su nueva lucha por la defensa del “statu quo”, es decir por “conservar” lo conseguido por los activistas gays y del aborto, la llevó a emprender una nueva batalla: la de combatir la defensa de la vida y la inspiración religiosa del ideario del Partido Conservador.

Según relataron varios medios de comunicación de la época (ver) y confirmaron a R+F fuentes del Directorio Conservador de entonces, Marta Lucía Ramírez entró a formar parte de una vertiente “progresista” en temas morales, y junto al entonces senador Juan Mario Laserna (primo de Paloma Valencia Laserna) y de los funcionarios del Gobierno de Santos Aníbal Fernández de Soto (Viceministro del Interior encargado de temas LGTBI) y Juan Gabriel Uribe (Ministro de Medio Ambiente y Director de El Nuevo Siglo), procuró marginar los temas de vida y familia dentro de la agenda política del Partido, privilegiando propuestas económicas.

Una batalla muy significativa de Marta Lucía fue la que llevó a negociar la expulsión del término “Dios” y a intentar eliminar la agenda provida de los estatutos del Partido Conservador.

Durante su candidatura presidencial de 2014, Ramírez “evolucionó” aún más hacia el feminismo abortista, adoptando un discurso que desvía la atención de la dignidad de la vida en gestación para enfocarse exclusivamente en la prevención “del embarazo no deseado” (ver), y pidiendo al Congreso prácticamente ratificar la legalización del aborto a través de una reglamentación de las causales para que se reduzcan a su “mínima expresión”.

Pienso que el aborto debe ser seguro, legal y escaso. Creo que las mujeres deben tener la posibilidad de elegir y que además deben tomar decisiones responsables. (Hillary Clinton).

Con este nuevo discurso Ramírez hace eco del eslogan de los políticos estadounidenses Bill y Hillary Clinton, así como de otros políticos aliados de la industria del aborto en ese país, según los cuales la práctica del aborto debería ser “segura, legal y escasa”.

Recientemente, en los debates con los precandidatos presidenciales Marta Lucía ha mostrado como su posición en temas morales (vida, familia y fe) se centra en la defensa de la Ley y la Constitución, antes que principios morales. En palabras suyas en el Foro W con los candidatos de la derecha: “cuando uno lo que defiende es la ley, lo que defiende es la Constitución, no puede estar equivocado”.

Algo muy conveniente para activistas progresistas como Mónica Roa y Colombia Diversa, quienes desde hace tiempo han enfocado sus recursos en utilizar a la Corte Constitucional como el vehículo más eficaz para imponer su agenda de reingeniería social en nuestro país.

Imagen principal: Tomada de www.martalucia.com