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El Celibato Sacerdotal: Don Indispensable para la Iglesia
En un momento histórico en el que algunas reformas eclesiales cuestionan o contradicen tradiciones centenarias, el debate sobre el celibato sacerdotal cobra renovada relevancia. Los cardenales Alfons María Stickler y Robert Sarah han defendido esta práctica como elemento fundamental de la identidad católica, arraigada en la tradición apostólica y el ejemplo mismo de Cristo.
El cardenal Stickler, en su obra «Der Klerikerzölibat» (El Celibato Clerical), publicada en 1993, demuestra que la abstinencia clerical no es una mera ley arbitraria, sino una práctica que se remonta a los apóstoles. «Donde muere la fe en Cristo, muere también la abstinencia», señala Stickler, observando que el abandono del celibato ha sido históricamente un presagio de cismas y herejías.
La tradición de la abstinencia clerical está documentada en decisiones conciliares tempranas, como los Concilios de Tours (461), Gerona (517) y Auvernia (535). Incluso los sacerdotes casados en la Iglesia primitiva debían abstenerse de relaciones conyugales tras su ordenación, tratando a sus esposas «como hermanas».
El cardenal Sarah, en su libro de 2019 sobre el sacerdocio y el celibato, que incluye un ensayo del Papa emérito Benedicto XVI, profundiza en esta perspectiva. «El sacerdocio es amor por el corazón de Jesús», cita Sarah al Santo Cura de Ars, enfatizando que el celibato no es una mera norma disciplinaria sino una expresión de amor total a Cristo.
La dimensión sacrificial del sacerdocio, según ambos cardenales, está intrínsecamente vinculada al celibato. «Cristo quiere de su sacerdote alma, corazón y cuerpo, y en todas sus actividades, pureza y abstinencia como testimonio de que ya no vive según la carne sino según el Espíritu», escribe Stickler.
Sarah argumenta que existe una «conexión ontológico-sacramental» entre el sacerdocio y el celibato. Esta relación se fundamenta en la conformidad de la vida sacerdotal con el modo de vida de Cristo. El debilitamiento del celibato, advierte, cuestionaría las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de los papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.
En contraste con tendencias actuales, especialmente en Alemania, donde algunos obispos como el Cardenal Reinhard Marx describen el celibato como «precario», Sarah presenta el celibato como un tesoro de la tradición eclesial. En las diócesis donde los obispos desalientan esta forma de vida, se observa una consistente escasez de vocaciones sacerdotales.
La crisis actual del celibato no refleja tanto una obsolescencia de la práctica como una crisis de fe y amor en la Iglesia. Como señala Sarah, «donde el amor ya no es un argumento, el Espíritu de Dios ha desaparecido». El celibato permanece, desde los tiempos apostólicos, como un don precioso e irrenunciable para la Iglesia.
El Concilio Vaticano II reafirmó el celibato no como simple precepto de derecho canónico, sino como «don precioso de Dios». Esta comprensión profunda del celibato como expresión de amor total a Cristo y su Iglesia continúa siendo fundamental para la identidad sacerdotal católica.
Fuente: Fr. Heimerl: Priestly celibacy is an indispensable gift to the Church