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Crisis doctrinal en la Iglesia alemana: el 90% del episcopado desafía la enseñanza católica sobre sexualidad
Una alarmante ruptura con la doctrina tradicional católica se está gestando en Alemania, donde aproximadamente el 90% de los obispos respalda posiciones contrarias a las enseñanzas oficiales de la Iglesia en materia de sexualidad, según revela la reconocida socióloga y escritora Gabriele Kuby en su más reciente publicación.
La implementación de directrices de educación sexual que promueven la normalización de prácticas homosexuales y la ideología de género en las escuelas de la archidiócesis de Hamburgo ejemplifica esta tendencia. El caso, documentado por el National Catholic Register, representa la punta del iceberg de un fenómeno más amplio que preocupa a la Iglesia.
Dos figuras prominentes del episcopado alemán han manifestado públicamente su distanciamiento de la doctrina tradicional. El obispo Peter Kohlgraf, de Maguncia, declaró en televisión que «los textos de la Sagrada Escritura sobre la homosexualidad» deben interpretarse en su contexto histórico, rechazando su carácter de «verdades atemporales». Por su parte, el obispo Heinrich Timmerevers, de Dresde-Meissen, ha solicitado una revisión fundamental de la enseñanza eclesial sobre ‘género y orientación sexual’.
En su libro «No temas, pequeño rebaño: cuando los pastores bailan con los lobos», Kuby caracteriza esta situación como una «recaída en el paganismo». La autora establece paralelismos históricos entre la actual crisis moral y episodios bíblicos donde la desviación sexual condujo a consecuencias catastróficas, citando los casos del rey David y del rey Salomón, su sucesor.
«La desmoralización de la sexualidad representa un retorno a las prácticas paganas», advierte Kuby, quien señala que los sacrificios antiguos a deidades como Moloc encuentran su equivalente moderno en los 73 millones de abortos anuales, el abuso infantil, la pornografía y la trata de personas.
La socióloga enfatiza que la doctrina católica tradicional sobre la sexualidad, que limita la actividad sexual al matrimonio entre hombre y mujer, sigue siendo viable y saludable. Contradice la noción de que la castidad sea perjudicial o imposible, recordando que incluso Sigmund Freud reconocía el papel de la sublimación sexual en el desarrollo cultural.
«Necesitamos pastores prudentes, justos, valientes y templados», exhorta Kuby, quien ve en la crisis actual un llamado a la resistencia espiritual. La autora subraya la importancia de cultivar las virtudes cardinales y teologales como antídoto contra la degradación moral contemporánea.
El texto concluye con un llamado a la fidelidad doctrinal, advirtiendo que el mundo actual «está gobernado por el miedo pagano» y que los poderosos «allanan el camino al Anticristo». Kuby encuentra en la figura de la Virgen María un modelo de pureza y obediencia a la voluntad divina, contrastando con la actual tendencia a «divinizar el ego» y ridiculizar valores tradicionales como la maternidad y la pureza.