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Un revelador estudio social realizado por la investigadora Pola Jankowska ha puesto de manifiesto las profundas diferencias culturales entre España y Polonia en cuanto a las expectativas sobre la edad ideal para el matrimonio y la maternidad, evidenciando un contraste generacional y sociológico que refleja las distintas velocidades a las que se mueven ambas sociedades europeas.
La investigación, basada en entrevistas callejeras realizadas en ambos países, muestra una marcada divergencia: mientras los jóvenes españoles postergan estas decisiones vitales hasta bien entrada la treintena, sus homólogos polacos las contemplan como hitos que deberían alcanzarse en la veintena.
En España, la mayoría de los entrevistados sitúan la edad ideal para el matrimonio y la paternidad entre los 32 y 40 años. «Hay que conquistar el mundo primero», afirma uno de los participantes, mientras otro enfatiza: «Hasta los 35 años hay que disfrutar un poco la vida». Esta tendencia refleja un cambio significativo en los valores sociales españoles, donde la realización personal y profesional toma precedencia sobre la formación familiar tradicional.
En contraste, las respuestas en Polonia revelan una perspectiva notablemente diferente. Los entrevistados polacos consideran que la edad óptima para estos acontecimientos vitales se sitúa entre los 23 y 29 años, con algunos incluso sugiriendo que «después de los 20 años» ya es un momento apropiado para formar una familia.
Estas diferencias no son casuales y responden a diversos factores socioeconómicos y culturales. España, con una de las tasas de natalidad más bajas de Europa (1,19 hijos por mujer según datos de 2023), refleja una sociedad donde la precariedad laboral, los altos costes de la vivienda y un cambio en las prioridades vitales han llevado a un retraso significativo en la edad de matrimonio y primera maternidad.
Polonia, por su parte, mantiene una visión más tradicional de la familia, influenciada por fuertes valores religiosos y políticas gubernamentales que incentivan la formación familiar temprana. El país del este europeo ha implementado diversos programas de apoyo a la natalidad y la familia joven, como el programa «500+» que ofrece subsidios mensuales por hijo.
Un aspecto particularmente llamativo del estudio es la aparición de voces en España que directamente rechazan la idea de la maternidad o el matrimonio como objetivos vitales. «Yo no quiero tener hijos» o «En mi mente no está ni casarme ni tener hijos», son respuestas que aparecen exclusivamente entre los entrevistados españoles, reflejando un cambio radical en la conciencia moral y un énfasis individualista.
Los expertos en demografía señalan que estas diferencias tienen implicaciones significativas para el futuro de ambas sociedades. Mientras Polonia enfrenta desafíos relacionados con la conciliación laboral-familiar en parejas jóvenes, España debe abordar las consecuencias de una población cada vez más envejecida y una natalidad en mínimos históricos.
La investigación de Jankowska, documentada en detalle en su cuenta de Instagram (@polajankowska), no solo ilustra estas diferencias culturales, sino que también abre un debate sobre los distintos modelos de sociedad y sus consecuencias a largo plazo en el tejido social europeo.