Si quieres recibir noticias de actualidad sobre la Cultura de la Vida, te invitamos a seguirnos en nuestro CANAL DE TELEGRAM haciendo clic AQUÍ.
Un tribunal polaco confirmó la decisión del alcalde de Toruń de disolver una manifestación provida que exhibía imágenes gráficas de un bebé abortado, desatando un intenso debate sobre la libertad de expresión y el derecho a la protesta en espacios públicos.
El conflicto se originó durante una manifestación denominada «Rosario Público por la Renovación Moral de la Nación Polaca«, un evento que se realiza mensualmente en la Plaza del Casco Antiguo de Toruń. Los manifestantes desplegaron pancartas con imágenes explícitas que supuestamente mostraban un feto abortado de 11 semanas, además de mensajes controvertidos sobre el gobierno del Primer Ministro Donald Tusk.
«La decisión de disolver esta asamblea fue dictada por la preocupación por los estándares del espacio público, que debe garantizar a cada residente y visitante de la ciudad una sensación de seguridad y comodidad«, explicó el alcalde Paweł Gulewski, representante del partido centrista Plataforma Cívica (PO). «En el espacio urbano de Toruń no hay lugar para contenidos que puedan considerarse drásticos, impactantes o que violen el sentido de la dignidad de otros«, agregó.
La organizadora de la protesta, Agnieszka Szumilas-Hermanowicz, ex candidata parlamentaria del partido Confederación, presentó una apelación con el respaldo de Ordo Iuris, una destacada organización jurídica conservadora. Según el abogado Bartosz Malewski, «el alcalde disolvió una reunión pública pacífica y legal» simplemente porque «no le gustó una de las pancartas que mostraba cómo es un aborto«.
El tribunal distrital de Toruń rechazó la apelación, fundamentando su decisión en la ley que prohíbe «anuncios, inscripciones, dibujos o palabras indecentes en lugares públicos«. Si tales dibujos y anuncios califican como “indecentes”, con mayor razón deberían hacerlo y ser prohibidos los actos que los producen en la realidad, como el aborto.
Paradójica y hasta cínicamente, el juez Andrzej Westphal se atrevió a citar incluso el Catecismo de la Iglesia Católica, señalando que «los cuerpos de los fallecidos deben ser tratados con respeto y amor derivados de la fe y la esperanza en la resurrección«. En consecuencia, si alude precisamente a “los cuerpos” de “los fallecidos”, reconoce entonces que se trata de Personas y que no “fallecieron” simplemente, sino que murieron producto de un acto premeditado y concreto, de un procedimiento específicamente dirigido a ocasionar su muerte, y luego la mutilación de su cuerpo para retirarlo por partes de allí en donde se encontraba resguardado y en proceso de gestación y desarrollo: del vientre de su madre; se trata, en consecuencia, de un asesinato con muchos agravantes.
La controversia se suma a una serie de casos similares en Polonia. En 2020, las autoridades municipales de Cracovia, la segunda ciudad más grande del país, aprobaron una resolución que prohíbe la exhibición de imágenes gráficas en lugares públicos, dirigida específicamente a carteles que muestran restos de fetos abortados.
A pesar del fallo judicial, Szumilas-Hermanowicz y sus seguidores realizaron su manifestación mensual al día siguiente, esta vez sin exhibir imágenes de fetos abortados. Sin embargo, la organizadora declaró en Facebook que la ciudad había «violado la constitución, la ley de reuniones, la libertad de expresión y la libertad de religión».
La Iglesia Católica mantiene una posición clara respecto al aborto, pues es un acto moralmente inaceptable en cualquier circunstancia. El Catecismo de la Iglesia Católica establece que la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción, y que el aborto directo constituye una falta moral grave.