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Un nuevo y extenso estudio multidisciplinario está desafiando una de las creencias más arraigadas sobre la discriminación laboral: la llamada «penalización por maternidad», que supuestamente afecta negativamente a las mujeres trabajadoras cuando se convierten en madres. Y que tal vez existió, pero ahora el estudio demuestra que lo que antes se vio con prejuicio, ahora es un importante factor de desarrollo humano y de productividad.
La investigación, liderada por Christopher Petsko y su equipo, analizó las evaluaciones laborales de casi 5000 participantes a través de cuatro experimentos diferentes, arrojando resultados sorprendentes que contradicen la narrativa tradicional antecedente. Lejos de encontrar evidencia de discriminación contra las madres trabajadoras, los investigadores descubrieron un «impulso parental» consistente que beneficia tanto a padres como a madres en el entorno laboral.
Los hallazgos revelan que los empleados con hijos, independientemente de su sexo, son percibidos como más competentes, más cálidos en sus relaciones interpersonales y con mayores méritos de promociones que sus contrapartes sin hijos. Si bien estas diferencias no son dramáticas en términos estadísticos, son consistentes y significativas desde el punto de vista científico.
La «penalización por maternidad» ha sido durante mucho tiempo un concepto central en las discusiones sobre inequidad de género en el lugar de trabajo. Se creía que las madres enfrentaban salarios más bajos, menos oportunidades y menores posibilidades de ascenso debido a percepciones sesgadas sobre su competencia y compromiso laboral. Estudios anteriores parecían confirmar este sesgo, mostrando que una misma persona era evaluada menos favorablemente cuando se la describía como madre que cuando se la presentaba sin hijos. Era un prejuicio.
Sin embargo, el nuevo estudio presenta datos que sugieren una realidad más compleja. Los investigadores encontraron que la parentalidad, en general, actúa como un factor positivo en las evaluaciones laborales. Este «impulso parental» se manifestó de manera consistente en múltiples dimensiones de evaluación profesional, desde la percepción de competencia hasta la calidez interpersonal.
No obstante, la investigación también reveló otros sesgos preocupantes. Los padres y madres blancos recibieron evaluaciones más positivas que los padres y madres negros, evidenciando la persistencia de prejuicios raciales (o tal vez sociales y culturales) en el ámbito laboral. ¿Pueden conducir estos hallazgos a una forma de discriminación contra los empleados sin hijos? No lo creemos. Al contrario, podrían servir como un incentivo hacia la productividad a través de la consolidación de una vida familiar y de un auténtico compromiso parental.
Los investigadores plantean dos posibles interpretaciones de estos resultados. Por un lado, podría ser que la «penalización por maternidad» haya existido en el pasado, pero se haya disipado gradualmente con los cambios sociales y culturales recientes. Alternativamente, es posible que las investigaciones anteriores, que típicamente utilizaban muestras más pequeñas, simplemente llegaran a conclusiones erróneas.
La importancia de este estudio radica en su capacidad para desafiar suposiciones largamente sostenidas sobre la discriminación laboral. Los resultados sugieren que nuestro entendimiento de los sesgos en el lugar de trabajo necesita una actualización significativa. Las políticas y programas diseñados para abordar la discriminación laboral podrían beneficiarse de una reevaluación basada en esta nueva evidencia.
Este giro en la comprensión de la dinámica laboral podría tener implicaciones significativas para las políticas de recursos humanos, replantear las iniciativas de ‘diversidad e inclusión’, y los programas de apoyo a empleados, en especial casados y con hijos.
Mientras celebramos la aparente disminución de la discriminación contra las madres trabajadoras, debemos mantener la vigilancia sobre otras formas de sesgo que puedan estar afectando a diferentes grupos de empleados.