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Sobre el Sínodo de Sínodos y Pascendi: caminar juntos hacia el barranco

Cargar con la cruz
Escrito por Invitado

Un breve análisis al Sínodo de Sínodos y su contraste con la encíclica antimodernista Pascendi del Papa San Pío X.


Por: Jesse Mercado. Católico, latinista, licenciado en Administración de Empresas.

El Sínodo de Sínodos, que comenzó en octubre de este 2021 y terminará en Roma el 2023, tiene una serie de propuestas y objetivos que se llevarán a cabo en la Iglesia a nivel mundial en distintas fases de forma local, regional y total. Este proceso todavía no se comprende del todo para la mayoría, debido a la ambigüedad de muchos términos que suenan como ideales virtuosos pero pueden tener un sentido diferente en su aplicación y contexto.

Los voceros del Sínodo citan como antecedente la historia de los sínodos y su importancia en la vida de la Iglesia para justificar el proceso, pero de forma muy suelta sin siquiera mencionar alguno como referencia para que las personas se hagan una idea comparativa, simplemente citan al Vaticano II y sus documentos como el más importante de estos. Sin embargo, como un antecedente verídico al proceso que se está llevando a cabo está la 1ª Asamblea Eclesial para América Latina y el Caribe, organizada por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Esto, como resultado de cinco meses de ‘escucha’ al ‘Pueblo de Dios’ (lo que sea que signifique en este contexto), propone una serie de cosas heterodoxas.

Estas son solo algunas de las heterodoxias en el documento final (no oficial) de la asamblea:

  • la promoción de la teología de la liberación,
  • educación con referentes marxistas,
  • la simpatía por las sectas protestantes y sus ‘carismas’,
  • el sacerdocio y diaconado femenino,
  • sacerdotes casados y el celibato como simple opción,
  • aceptación total de la homosexualidad,
  • la Evangelización desde abajo y
  • el clericalismo, entre muchas más.

Adicionalmente, conviene recordar al Seminario Internacional de Teología, realizado por el Programa de Formación Continua del Boston College de la Escuela de Teología y Ministerio entre el 7 y el 10 de septiembre, antes de la apertura del Sínodo. Este seminario hizo hincapié constante en la “escucha al pueblo de Dios, al conjunto de fieles y escucharnos mutuamente”. También se hace el llamado a una reforma de las estructuras eclesiales e “invertir la pirámide, donde los fieles estén arriba y los ministros abajo”, citando una alocución del Papa Francisco hacia los Obispos en el 50º aniversario del Sínodo de Obispos.

Estas ideas ya rondaban hace mucho tiempo y no deberían sorprendernos, ya que desde 114 años atrás, el Sumo Pontífice de feliz memoria, San Pío X, condenó tales propuestas. Esto lo hizo en la encíclica Pascendi Dominici Gregis en la que condena y desentraña al modernismo como “la síntesis de todas las herejías”.

El modernismo lleva bastante de agnosticismo y de inmanentismo vital, que no es más que la aseveración de que no se puede conocer con certeza las verdades reveladas, que “no existe camino alguno intelectual que conduzca al hombre hacia Dios”  y que, en todo caso, estas verdades se encuentran confinadas en el interior del hombre y sus experiencias religiosas.

En este sentido, la doctrina o parte aplicada del modernismo es “la evolución”. En esto dicen que, para que la Iglesia y los fieles supuestamente no mueran de frío por permanecer en forma estática, deben acogerse al calor de las leyes de la evolución. Y la parte que nos concierne, respecto a la idea de “invertir la pirámide y escuchar al pueblo por el Sínodo”, viene ya condenada en el número 26 de la encíclica, que dice:

“Por lo que ahondando más en la mente de los modernistas, diremos que la evolución proviene del encuentro opuesto de dos fuerzas, de las que una estimula el progreso mientras la otra pugna por la conservación. La fuerza conservadora reside vigorosa en la iglesia y se contiene en la tradición. Represéntala la autoridad religiosa…”.

Si suena familiar, es porque lo es. La dialéctica Hegeliana usa como método al “Dialogo” para que estas fuerzas lleguen a un acuerdo o síntesis de sus ideas contrarias y extraer el objetivo predeterminado desde un inicio. Continua así:

“…Al contrario, en las conciencias de los individuos se oculta y se agita una fuerza que impulsa al progreso, que responde a interiores necesidades y que se oculta y se agita sobre todo en las conciencias de los particulares, especialmente de aquellos que están, como dicen, en contacto más particular e íntimo con la vida. Observad aquí, venerables hermanos, cómo yergue su cabeza aquella doctrina tan perniciosa que furtivamente introduce en la Iglesia a los laicos como elementos del progreso”.

Por esta razón, no debería sorprendernos que los modernistas de hoy quieran culminar este plan errado destinado a fallar, contra la legítima cabeza y suprema autoridad de la Iglesia, que es Cristo. Corren un gran riesgo de poner a las ovejas como cabeza y fuente de la Evangelización, con la idea cuasi herética de un Cristo impersonal que solamente llega a su complitud y entendimiento con la participación de los miembros del cuerpo místico, lo cual los pondría en el camino del panteísmo, el cual fue condenado por el Beato Pío IX en el Syllabus de Errores.

Además de este aspecto, el Sínodo desea proponer la integración de ciertos aspectos de los creyentes y su contexto histórico-cultural en la vida de la Iglesia y la liturgia, para lo cual en el número 25 devela el pensamiento modernista cuando dicen: “En la evolución del culto, el factor principal es la necesidad de acomodarse a las costumbres y tradiciones populares, y también la de disfrutar el valor que ciertos actos han recibido de la costumbre. En fin, la Iglesia encuentra la exigencia de su evolución en que tiene necesidad de adaptarse a las circunstancias históricas y a las formas públicamente ya existentes del régimen civil”.

En este breve análisis se pueden incluir muchos aspectos más sobre el proceso Sinodal y el caminar juntos, que cálidamente nos invita a cantar la hermosa canción del error que nos llevará hacia el barranco de la confusión. Y de forma conclusiva sobre este punto, la encíclica en el número 37 dice:

“…Andan clamando que el régimen de la Iglesia se ha de reformar en todos sus aspectos, pero principalmente en el disciplinar y dogmático, y, por lo tanto, que se ha de armonizar interior y exteriormente con lo que llaman conciencia moderna, que íntegramente tiende a la democracia; por lo cual, se debe conceder al clero inferior y a los mismos laicos cierta intervención en el gobierno (de la iglesia) y se ha de repartir la autoridad, demasiado concentrada y centralizada”.

“Piden que el clero se forme de suerte que presente su antigua humildad y pobreza, pero que en sus ideas y actuación se adapte a los postulados del modernismo. Hay, por fin, algunos que, ateniéndose de buen grado a sus maestros protestantes, desean que se suprima en el sacerdocio el celibato sagrado. ¿Qué queda, pues, intacto en la Iglesia que no deba ser reformado por ellos y conforme a sus opiniones?”.

Instaurare Omnia in Christo.

Sancte Pie Decime – Ora Pro Nobis

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