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Análisis Fe

En un paso: del interconfesionalismo a la “praxis”, y de ésta al Cisma

Interconfesionalismo
Edwin Botero Correa
Escrito por Edwin Botero Correa
¡Difunde la cultura de la Vida!

La explícita postura del episcopado alemán sobre la intercomunión, supone un desafío abierto –más que a Roma– al Magisterio perenne de la Iglesia, y abre las puertas a un fatídico escenario para la fe: un cisma gradual y doctrinal de consecuencias gravísimas para el alma de los creyentes.

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Luego de que la cabeza del episcopado alemán, Georg Bätzing, en un abierto y explícito desafío –más que a Roma– al Magisterio perenne de la Iglesia, proclamara por su cuenta y a nombre de la Conferencia Episcopal Alemana la licitud de la intercomunión, aumenta entre los consagrados y los fieles la expectativa con respecto a la postura del Papa ante tal desafío.

Un desafío que ya no es sólo “pastoral” sino doctrinal y sacramental y que, por lo tanto, trasciende el simple debate académico-teológico, pues toca los fundamentos mismos de la Teología Dogmática, y abre las posibilidades a un fatídico escenario para la fe: un cisma encabezado por una ‘iglesia nacional’ que, por la misma vía –esto es, las Conferencias Episcopales– podría extenderse como una “praxis” ya sea ‘ad experimentum’ (algo poco probable), simplemente ‘aceptada’ o explícitamente permitida por el Papa.

Para colmo, la situación se agrava con la invitación el próximo 10 de mayo –también explícita y oficial, a través de la página web de la CEA– “a celebrar el amor”, para ‘bendecir’ toda clase de uniones irregulares y homosexuales, en una reacción sin precedentes a la reciente (más bien tardía) declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que niega tal posibilidad, pese a la permisividad imperante.

El otro escenario, en cualquiera de los tres casos, sería el de una división ad intra de las propias Conferencias Episcopales, es decir, entre los Obispos –y, peor aún, involucrando la opinión de los mismos fieles–, con respecto a su aceptación o rechazo de la intercomunión. El panorama, en cualquier caso y modo, no podría ser más sombrío: la división; y, con ella, la confusión, el desconcierto y la dispersión de la grey del Señor que, ante la defección de los pastores, quedará irremisiblemente a merced de la rapacidad de los lobos que la rondan.

Con respecto a la intercomunión, Bätzing, obispo de Limburgo y presidente de la CEA, ha dicho sin ambages:

“Cualquiera que sea protestante y asista a la Eucaristía puede recibir la Comunión”.

“Queremos dar pasos hacia la unidad. Quien en conciencia crea lo que se celebra en la otra denominación religiosa también podrá acercarse al altar y no será rechazado”.

Pronunciamiento hecho en un debate online en Francfurt en referencia al próximo 15 de mayo, citado por Infovaticana.

Por su parte, la misma fuente cita al “órgano online del episcopado alemán, Katholisch.de”, el cual “reconoció que esta práctica “se ha mantenido por todo el país” y que, por tanto, “no es nada nuevo”. Lo nuevo, señala, es que se debata abiertamente, y acabó asegurando que no prevé que Roma “tenga nada que objetar””.

Este es pues el panorama, y así no sólo están sino que quedan planteadas las cosas –una partida que con plena seguridad no acabará en ‘tablas’– en el momento que se avizora como el más dramático y difícil de la historia, ya no reciente sino general, de la Iglesia.

A continuación citamos la entrada de un libro de Referencia, que explica qué es y en qué consiste el interconfesionalismo (asimilable al fenómeno de la intercomunión) aceptado y declarado por el episcopado de Alemania:

Interconfesionalismo

Problema originado en Estados de población religiosa mezclada. Uno de los países donde el interconfesionalismo ha adquirido mayor importancia es Alemania, debido primero a la secularización y después a la industrialización y a la libertad para cambiar de domicilio.

La vida en común de ciudadanos protestantes y católicos llegó a hacer indispensable una inteligencia o acuerdo en los distintos aspectos jurisdiccionales, y acerca de ello es de significación fundamental la interpretación que se le ha dado en distintas ocasiones.

El interconfesionalismo, como principio dogmático, habría de ser un latitudinarismo, imposible filosófica y teológicamente, ya que contradice el hecho de que la verdad sea sólo una también en lo religioso; esta verdad sólo puede ser una, debido a que Dios no puede contradecirse, y así, las confesiones religiosas que se contradicen no pueden todas ser verdaderas. Desde el punto de vista religioso, el interconfesionalismo no puede dar un cristianismo general, tema que como idea genérica compartan entre sí las confesiones cristianas particulares.

Jesucristo ha establecido solamente un cristianismo y ha fundado exclusivamente una Iglesia.

Una difuminación de compromiso de la característica confesional, para llegar a una base cristiana general sobre el restablecimiento de la doctrina llamada esencial, y el aplazamiento de las opiniones no esenciales, como pretende Harnack, significarían traicionar al cristianismo de Jesucristo y a la tarea propia de la Iglesia como corporación única de Jesucristo.

Desde el punto de vista ético, el interconfesionalismo, para algunos católicos individuales, habría de significar un indiferentismo fundamental, debido a la caída de la fe en un cristianismo general.

Esta impugnación de un cristianismo genérico, tan utópico como recusable, no excluye el acuerdo práctico, el trabajo conjunto de católicos y otros creyentes, en aspectos políticos, sociales y culturales.

La base fundamental para esta colaboración son las normas y objetos de la moral natural y del derecho natural, así como los postulados del bien común estatal en política, de la justicia social en la vida económica, de la libertad jurídica estatal de las confesiones con derecho de paridad, de la libertad científica y de la igualdad ante la ley en la vida civil. Estas normas y tendencias, como de legalidad conforme a la razón y naturales, no son específicamente confesionales.

El acuerdo y colaboración con otros creyentes en una y misma organización, en un partido político, o en otra clase de Asociación, se debe considerar como permitido, ya que en esta clase de colaboración no se persiguen fines religiosos, como ocurre en Asociaciones misioneras, de culto o de piedad. Tampoco puede existir la colaboración en Asociaciones caritativas o educativas, por el peligro de caer en una especie de sincretismo religioso, contrario a la verdad.

Imagen del encabezado: religión digital.org

(Fuente: Diccionario especializado en teología y fenómenos religiosos).


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