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Un siglo de vida consagrada a la fe y al servicio pastoral celebra hoy el Padre Emilio Palafox Marqués, sacerdote del Opus Dei, quien ha dedicado 74 años de su existencia al ministerio sacerdotal. Su trayectoria, marcada por un profundo amor a la Iglesia Católica y una inquebrantable vocación de servicio, lo ha convertido en un testimonio viviente de dedicación y perseverancia.
Nacido en Granada, España, el 12 de julio de 1925, el Padre Palafox creció en el seno de una familia católica que sembró en él las semillas de la fe que más tarde florecerían en una vida consagrada al servicio de Dios. Durante sus años universitarios en Valencia, mientras cursaba estudios de Ciencias Naturales, tuvo su primer encuentro con el Opus Dei en la Residencia de Samaniego, un momento que marcaría el rumbo de su vida.
El 15 de junio de 1941, en plena juventud, tomó la decisión que definiría su camino: entregar su vida a Dios a través del Opus Dei. Tras obtener su doctorado en Biología, fue testigo privilegiado de la expansión inicial de la Obra en España, trabajando estrechamente con San Josemaría Escrivá, fundador de la institución.
La vida del Padre Palafox dio un giro significativo cuando San Josemaría lo convocó a Roma y le propuso una misión que lo llevaría al otro lado del Atlántico. Tras su ordenación sacerdotal el 1º de julio de 1951, se convirtió en el segundo sacerdote del Opus Dei en llegar a México, siguiendo los pasos del Padre Pedro Casciaro. Desde 1977, ha ejercido su ministerio en Hermosillo, Sonora, donde continúa activo y disponible para los fieles.
«Me dirijo principalmente a la dirección espiritual de laicos, hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes que desean conocer más a fondo y practicar más intensamente su fe católica«, compartió en una entrevista con El Imparcial en 2015, cuando celebraba sus 90 años. Su labor pastoral se ha caracterizado por un profundo compromiso con la formación espiritual y el acompañamiento de los fieles.
La relación del Padre Palafox con la Iglesia trasciende lo institucional para convertirse en un vínculo profundamente personal.
«Mi conocimiento de la fe católica para el sacerdocio y la vivencia de esa fe me ha llevado a enamorarme de la Iglesia Católica, mi madre la Santa Iglesia Católica», expresó con emoción en la misma entrevista.
Para este centenario sacerdote, la clave para mantener una vida de fe vibrante se encuentra en el Evangelio y en la vida de Cristo. «Si uno se acerca un poquito a lo que dijo y lo que hizo, se enamora de ese estilo de vivir y de pensar», afirma, subrayando la importancia de la lectura y aplicación de los textos evangélicos en la vida cotidiana.
Su testimonio de un siglo de vida, marcado por la fidelidad a su vocación y el servicio constante, representa un ejemplo inspirador para las nuevas generaciones de católicos. El Padre Palafox continúa siendo un faro de fe y dedicación, demostrando que la edad no es obstáculo para mantener vivo el compromiso con la misión evangelizadora de la Iglesia.