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Frutos de la pandemia: 102 días de Rosario diario desde casa y por zoom.

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Escrito por andreagarzon

Desde el inicio de la cuarentena me preguntaba, cómo afrontaríamos esto. Cómo Dios nos daría las herramientas para saber llevar una situación como estas. Si bien el mundo ha pasado por varias pandemias a lo largo de la historia, esta generación no había tenido que vivir algo de semejante magnitud. Nadie sabía cómo reaccionar ante tal gravedad ya que esta situación no solo se podía enfrentar con cuidados a la salud física, ¿dónde quedaba nuestra salud mental y espiritual?

Por eso, desde que llegué de España, el 12 de marzo, (esa es otra historia), no solo entré en aislamiento obligatorio de inmediato, sino que empecé a buscar espacios de más oración. No los quería vivir sola. En la distancia del apartamento, rezaba el Rosario con mi tía que era la única persona con la que estaba, pero yo sentía que necesitaba algo más.

Por grupos de WhatsApp empecé a preguntar quien se quería unir a hacer el Santo Rosario vía Meet o Hangout, así lo hicimos unas tres veces con unas amigas y sus mamás. Cuando inició el simulacro de cuarentena en Bogotá, para el 18 de marzo, ya me encontraba totalmente sola en el apartamento. Yo había terminado mi aislamiento obligatorio y mi tía, prefirió viajar con mi abuelita de 82 años, a la finca, para cuidarse en este espacio más abierto, amable y sin contagios.

Pasando la cuarentena completamente sola, aumentó el deseo de unirme en oración con otros que se sintieran identificados con esta necesidad de orar en comunidad en estas circunstancias.

Seguí preguntando a otros para unirnos, encontré un impulso en una gran amiga. Nos emocionamos, al imaginarnos lo lindo que sería hacer el Rosario todos los días. Nos hacía falta el espacio (sala de Zoom o cualquier otro), para hacerlo realidad. Así que, a otro amigo, quien me había invitado a su grupo los sábados, le pregunté que, si hacíamos el Rosario por las noches, todos los días, por medio de su sala. Aceptó encantado y dispuesto. Nos reunimos los tres, organizamos la hora (8:30 p.m.) y así, empezamos a invitar a nuestras familias y amigos a que se unieran desde el 30 de marzo al Rosario en casa por el fin de la pandemia. Él diseñó una imagen de invitación, y compartimos, noche tras noche.

Fuimos dándole forma, conforme pasaban los días. A esto se nos unió otra amiga, a la “logística” del grupo. El envío diario de la invitación, la motivación a participar y así, ella, redactó un mensajito de invitación, junto con el link y la imagen diseñada. Los cuatro comprometidos con la causa, quisimos desde el principio imprimirle algo que siempre ha sido esencial en la oración, la música. Creo que las primeras semanas, o días, canté yo, pero para darle dinamismo y variedad, empezamos a invitar a otros músicos católicos a acompañar este Rosario.

Es y ha sido un espacio sencillo de oración, donde no solo con mucho fervor nos unimos a la principal intención, que es el fin de la pandemia, en el que empezamos cuatro amigos y día a día se han unido más, incluso hoy día hemos tenido 70 cámaras conectadas, con algunas familias y personas que “no conocemos” personal o físicamente, pero que, al compartir este espacio y momento especial del día, nos hace sentirnos ya como una familia.

Hoy en la celebración de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá completaremos el día 102 de oración del Santo Rosario. El fervor no se apaga, y podemos dar fe, que ha sido por el amor maravilloso de nuestra Madre y Reina del Cielo. Su intercesión ha sido hermosa, su amparo, si dudarlo, lo hemos experimentado todos, pues durante estos días de constante y perseverante oración se han compartido testimonios que nos mantienen viva la esperanza. Cada día  son muchas y diferentes las intenciones y podemos afirmar que “sin oración, no hay salvación”, como lo expresó mi amiga al redactar el mensaje de invitación.

Hemos creído que este espacio lo ha dado Dios, para el bien de todos los que se unen cada noche, muchos ya se “institucionalizaron” y nos han acompañado casi desde el principio, cada noche, llegan más “nuevos” y otros que viene unos días, se van y vuelven. Siempre es una alegría tenerlos a todos.

Es un servicio que Dios nos ha regalado y que con mis amigos, estoy segura, lo amamos. Este espacio permitió abrir otro momento corto de oración entorno a la devoción a San José.

“Muchos le preguntaban a Dios el porqué de todo esto, el hasta cuándo y miles de preguntas sobre el futuro, mi única respuesta era decirles que oraran y que si necesitaban sentirse acompañados, se unieran conmigo a una arma muy poderosa que me ha llenado de bendiciones y milagros en mi vida, el Santo Rosario. Cada noche fue creciendo el número de personas, personas con los mismos sentimientos encontrados que teníamos mi amiga y yo, personas que me fueron mostrando que todos tenemos ese anhelo de seguir a Dios y más cuando somos frágiles y vulnerables. Un momento en el que cada noche se me hincha el corazón al saber que nos unimos como Iglesia a orar unos por otros, a apoyarnos y a ser dolientes de aquellos que están sufriendo.” Asegura una de las fundadoras de la iniciativa.

“El Rosario en Casa, es una oportunidad para unirnos y acompañarnos con sencillez, en estos días de encierro y de prueba, con una oración que cualquiera puede hacer y seguir desde donde se pueda conectar. Me llena de esperanza saber que en este pequeño grupo nos unimos espiritualmente a cientos de miles de personas que en el mundo entero piden a Dios su auxilio y el fin de esta pandemia”, afirma uno de los organizadores.

“En cada instante de incertidumbre, zozobra, recordaba y me programaba en mi cuarto, que a las 8:00PM estaba llegando a mi celular una invitación especial para compartir con amigos, conocidos y lo mejor amistades virtuales todos unidos por rezar por el fin de la pandemia, unidos por una misma causa. Es grato ver que la fe y la esperanza es lo último que se pierde, este mensaje del Papa Francisco siempre lo tengo presente y hoy en día lo reitero una y mil veces, ya que romper fronteras unidos por encontrarnos a ofrecer 50 rosas, para mi es una gracia divina, entender que el que canta ora dos veces y lo más bonito es sentir el incendio en mi corazón que sin oración no hay salvación”, comparte otra de las organizadoras.

“Cuando la tormenta pase y seamos sobrevivientes de este naufragio colectivo con el corazón lloroso y el destino bendecido, nos sentiremos dichosos por el simple hecho de estar vivos.” Alexis Valdés

Aquí te comparto la invitación si te quieres unir a nosotros en oración:
Rosario en Casa 🏠 por el fin de la pandemia
¡Ya puedes ingresar a la sala!
🕣 | 8:30pm Iniciamos el santo rosario ✝️Encuentranos aquí 👉🏻:
https://elrosarioencasa.wordpress.com/
Sin Oración No hay Salvación 🙏🏻
¡Te esperamos!

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andreagarzon

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1 Comment

  • Andrea y Liz, me gusta pensar en la diferencia de DAR GRACIAS versus ESTAR AGRADECIDO. Cuando yo DOY GRACIAS yo corto el ciclo, cierro el trato, cierro el proceso. Mas cuando me conecto con la linda idea de ESTAR AGRADECIDO, el ciclo continúa, abro más posibilidades, alargo el proceso infinitamente. En mi caso y en relación a descubrir el espacio de Rosario en Casa, estoy MUY AGRADECIDO pues encuentro tranquilidad, paz, bienestar y ganas de sonreír en estos momentos tan complejos y aciagos. Esta sensación no desaparece de la noche a la mañana. Le agradezco a Diosito que me haya traído a este espacio tan espiritual a pesar de la distancia.