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Diez conceptos para ser mejor católico

Conceptos para ser mejor catolico

Tener en mente estos diez conceptos te ayudará a ser mejor católico cada día.

«¿Cómo ser mejor cada día?», es algo que muchas veces nos preguntamos, pero suena tan abstracto que pierde el norte. «¿Cómo ser mejor católico cada día?», suena mucho más preciso, y es por eso que hoy traigo para vos estos diez conceptos, con el fin de orientarte mejor en tu relación con Dios.

Cabe advertir que no soy teólogo, así que puedo equivocarme en lo que vaya a decir. No obstante, lo que viene a continuación sale de mi experiencia personal, que resulta de contrastar mis quehaceres cotidianos con lo que aprendí sobre tradición católica y la vida de los santos. Son diez conceptos que tengo en mente cada vez que estoy a punto de caer, y me ayudan a mantenerme firme eficazmente.

  1. Salvación de las almas

Lo más esencial es salvar las almas: ¿qué mejor forma de demostrar amor al prójimo que ayudándole a evitar la condenación eterna? Es crucial preocuparse por la salvación de uno mismo y de los demás, y para eso tenemos los medios que Dios nos ha dado: su ley, los sacramentos, la penitencia, etc.

Recordemos el dogma: “fuera de la Iglesia no hay salvación”, por lo que no podemos decirle a un protestante que está bien en donde está o a un musulmán que va a ir al cielo. Sería como decirle a un curandero o vidente, que sus métodos son científicos y que está autorizado para publicar artículos en revistas de investigación.

  1. Corrección fraterna

No basta con tener la intención de salvar las almas: hay que hacerlo bien. El fin no justifica los medios, y es aquí donde cabe resaltar la virtud de la prudencia. No se puede forzar a todo el mundo a convertirse porque sería una conversión falsa, superficial, poco saludable para esas almas.

De nada sirve decirle a un protestante que su secta es impostora si se lo decimos atacándolo a él, diciéndole que es lo peor, insultándole y pegándole. Aunque, claro, todo depende de las circunstancias: si un protestante viene y rompe un rosario delante de vos, no podés quedarte quieto ante semejante ofensa a la Madre del Salvador.

  1. Fe y obras

Como dice el dicho, ora et labora, ora y trabaja; o bien “a Dios rogando y con el mazo dando”. A veces, la salvación del prójimo no depende de uno o la corrección no da buenos resultados. En tal caso, toca orar por la conversión de esa persona, rogar a Dios que intervenga con su mano poderosa.

Lo mismo al revés: si uno ora por que Dios lo proteja del coronavirus, no crea que puede ir por la calle sin mascarilla como si nada. Usá los medios que tenés a mano para evitar el contagio: recordá que Dios es la causa primera que obra mediante las causas segundas, que somos nosotros. Si nosotros no nos movemos, no esperemos que Él lo haga, trayendo milagros a cada rato.

  1. Deber de estado

Es importante crecer en devoción y dedicar parte importante de nuestras vidas a la oración: minutos, horas, fiestas especiales, etc. ¿Pero qué pasa si para orar o dedicar devociones tenemos que sacrificar nuestros deberes? He ahí un riesgo de condenación. La verdadera devoción no impide el cumplimiento de los deberes de estado.

¿Y qué es un deber de estado? Si sos padre, educar a tus hijos; si sos hijo, obedecer a tus padres; si sos empleado, trabajar con esfuerzo; si sos jefe, pagar el sueldo justo, etc.  La cuestión es cumplir con el estado en que Dios nos ha puesto en esta tierra. Este es un concepto que deben tomar en cuenta sobre todo los que organizan las famosas fiestas patronales o entradas folclóricas: ¿es necesaria tanta borrachera para una supuesta devoción a la Virgen?

  1. Ocio, madre de vicios

Es muy difícil cumplir con nuestro deber de estado si nos entregamos al ocio, ‘madre’ de todos los vicios. Cada vez que desperdiciés tu tiempo en algún videojuego o serie teniendo obligaciones pendientes por cumplir, preguntate: ¿me ayuda esto a cumplir mi deber de estado? ¿Ayuda a la salvación de mi alma? Y esto va muy asociado al concepto de obrar con diligencia: hay que ocuparse pronto de lo que nos edifica y despreciar lo que no.

Yo, que tan fanático fui de las series, películas, grupos musicales, cantautores, libros y cómics, puedo asegurar que desde que abandoné todo eso, mi vida ha mejorado de manera extraordinaria. Este concepto está asociado al de esclavitud del pecado: quien dice “una vececita nomás, no pasa nada”, suele caer en pecado hasta el “se me hizo costumbre”. ¿Verdad que es humillante? No permitamos esa enorme derrota en nuestra vida diaria.

Ocio Facebook

El ocio puede llevarnos a creernos autoridad en redes sociales.

  1. Rendir cuentas

Evitar el ocio te va a ayudar a cumplir con tus deberes de estado y, por tanto, a gozar de una buena muerte. ¿Y cuál es la buena muerte? Aquella en la que no debemos nada a Dios. Es importante prepararse para rendir cuentas, porque en el juicio final, Cristo, el justo juez, nos va a pedir la factura de todo lo que hemos hecho en esta vida.

A nadie le gusta tener cosas pendientes por pagar: es molesto acumular deuda tras deuda y perder dinero. Pero ¿y si perdemos el  alma? ¿Por qué nos afanamos tanto en cumplir con los hombres más que con Dios? Y no es que lo uno requiera abandonar lo otro, al contrario: si cumplís con Dios, tené por seguridad que Él te va a ayudar a cumplir con los hombres y viceversa.

  1. Saco de gusanos

Para cuando toque rendir cuentas, ya todos habremos pasado por la putrefacción. Al fin y al cabo, como dice San Alfonso María de Ligorio, ¿qué es el hombre, sino “saco de gusanos, manjar de gusanos que en breve le devorarán”? Y aun así se atreve a ofenderle. Ese pequeño renacuajo que es el hombre no teme ser un pecador obstinado, cegado por su propia soberbia.

Cada vez que seás tentado, preguntate: ¿no es una falta de respeto a tu Padre y Creador que quebrantés su ley con las excusas más sinvergüenzas que se te ocurran? No hay manera de justificar ofensas tan grandes a un Rey tan bondadoso como el Señor.

  1. Realeza de Cristo

Y es precisamente porque Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores, que nos debe doler ofenderle. ¿Dónde se ha visto a un Rey tan sabio y justo como lo es nuestro Señor? Es tan grande el amor que nos tiene y tan poca la gratitud con la que le pagamos.

Pero Cristo no reina solo en las personas: reina sobre todo el universo. Como decía San Pío X, debemos instaurar todo en Cristo, devolverle el lugar que le corresponde en nuestras instituciones, escuelas y lugares de trabajo. Todo el mundo se preocupa por sus derechos humanos, ¿pero quién se preocupa por los derechos de Dios?

  1. Sufrir con paciencia

Precisamente porque queremos instaurarlo todo en Cristo y hacer sentir su realeza es que vamos a ser perseguidos y puestos a prueba. Ya sea con ataques humanos o fenómenos de la naturaleza, nuestra fe tambalea en los momentos difíciles y hay que saberla conservar.

Solo quien ama tanto puede soportar tanto: he ahí Jesús en la cruz. ¿No derramó acaso tanta sangre para redimirnos del pecado? Si Él, siendo Rey, se atrevió a rebajarse a nuestro nivel para sufrir por nuestra salvación, ¿qué nos cuesta fortalecer la virtud de la paciencia en tiempos difíciles? Practiquemos la mortificación y penitencia.

  1. Santificación

Lo más importante para el final: es justo ese sufrimiento el que nos prepara para la santidad, que es el renunciar a sí mismo y cargar con su cruz. ¿Qué valen los placeres del mundo en comparación con la gloria en la eternidad?

De la misma manera, ¿por qué conformarnos con el purgatorio cuando podemos aspirar al cielo? La ambición de fama y fortuna terrenales son fuente de condenación, pero es muy sana la ambición de estar más cerca de Dios. Eso se logra mediante la santificación: procurar dar lo mejor de nosotros como cristianos cada día, vencer las tentaciones, orar y mortificarse. Solo así alcanzaremos la gloria eterna.

Septim Angi

Debemos prepararnos con diligencia para estar en paz con Dios cuando los ángeles toquen las trompetas del fin de los tiempos…, o de nuestro tiempo.


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Sobre el Autor

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Aarón Mariscal Zúñiga

Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma ‘Gabriel René Moreno’ (Santa Cruz, Bolivia). Fue analista de comunicación en la consultora Kreab, diseñador gráfico en el estudio Avand, periodista web en el diario El Deber, editor en Revista Zona7 y creador de contenidos en Comic Bolivia.

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