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«Conócete a ti mismo».

Escribir un diario
Edwin Botero Correa
Escrito por Edwin Botero Correa

Si estás solo en esta cuarentena, escribe un diario.

Durante estos días de cuarentena, al menos para las personas a las que nos ha tocado pasarla solos, son muchas las cosas que se pueden hacer… y aprender.

Pero, ante todo, no es sólo lo que se hace, sino darnos cuenta de cómo lo hacemos, de lo que sentimos y experimentamos cuando lo hacemos, y de reflexionar sobre ello hasta llegar a ser capaces de comprenderlo, de expresar bien lo que nos ocurre, y de asumirlo, de afrontarlo, corrigiendo todo aquello que deba ser corregido.

Escribir un diario
El ejercicio y la disciplina de escribir un diario.

Eso es hacer metacognición, ir más allá del automatismo con el que actuamos y darnos cuenta de lo que estamos haciendo. Un auténtico experto, y quien lo vivió en carne propia, es quien lo recomienda: Víctor Frankl, en su famoso libro “El hombre en busca de sentido”.

Luego de soportar seis años de encierro en un campo de concentración en Auschwitz, Polonia, a manos de los nazis, Frankl se propuso básicamente tres cosas: sobrevivir, mantener la mente ocupada, y aprender todo lo que pudiera de esta experiencia.

Así, en pequeños papelitos que encontraba, y que él atesoraba, iba anotando diariamente las impresiones de cada día, que luego fueron sus notas de base para elaborar y escribir su teoría psicológica llamada “Logoterapia”, y que le ha valido ser reconocido mundialmente no sólo por su alto valor terapéutico sino como uno de los fundadores de la llamada Psicología Humanista.

En su momento, aquellas notas fueron su “polo a tierra”: el diario en el que registraba sus impresiones de cada día, y el que le permitía volver sobre sí, y percatarse de lo que realmente estaba ocurriendo fuera y, especialmente, dentro de sí.

Es a lo que se refiere San Agustín en «Las Confesiones» cuando, luego de expresar todas las dubitaciones por las que pasó, finalmente exclama conmovido:

«Tarde te amé, hermosura siempre antigua y siempre nueva. Tarde te amé. Tú estabas dentro de mí, pero yo andaba fuera de mí».

San Agustín, Confesiones.

Es muy importante llevar un diario. De hecho, tenemos un excelente ejemplo en El diario de Ana Frank, una jovencita de unos 15 años, quien también vivió la experiencia de la persecución a su familia por parte de los nazis. Este es, por demás, un libro que se hace muy recomendable retomar y leer en esta situación que la vida nos proporciona hoy.

Diario de Ana Frank
Diario de Ana Frank

Volviendo a Víctor Frankl, éste fue observando su propia conducta y percatándose de su auténtico modo de ser. Fue así como llegó a registrar objetivamente la conducta de muchas otras personas; en particular, de cómo reaccionaban ante las circunstancias que les tocaba vivir.

Víctor Frankl habla de las circunstancias y de la libertad interior
Víctor Frankl habla de las circunstancias y de la libertad interior.

Si bien el aprendizaje consiste en establecer puntos de referencia sobre los que se volverá para valorar, evaluar y revaluar lo que se hizo para mejorarlo o para reforzar e incrementar lo que se encontró que era correcto, lo importante es centrarse en ello, en lo que es correcto, es decir, bueno en sí mismo y siempre, para todos, pero también adecuado para uno.

Y es en la medida en que uno lleva un diario, que se va percatando de su propio ritmo de vida, de sus defectos, de sus apetencias, de sus “instintos”, pulsiones, pasiones y formas de reaccionar ante ciertos hechos o circunstancias…

Para quienes hemos tenido el extraño privilegio de hallarnos y de afrontar solos esta cuarentena, un criterio rector es llevar un registro diario de lo que se hizo durante el día; pero no sólo de las tareas, sino también de las emociones, de las incertidumbres, de lo que se sintió, de aquello de lo que se percató, y entrar en ese proceso del que habla la inscripción del oráculo de Delfos, en la antigua Grecia, y que traducida al Latín reza: “Nosce te ipsum et nosces universum et deos”: “Conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses”.

Al final del día, además de repasar un poco las experiencias, las vivencias, los sentimientos, las valoraciones que se hicieron, y cómo se afrontaron las cosas, conviene hacer una lista de mínimo tres cosas por las cuales estar agradecido. Cuando lo hice por primera vez, escribí una lista de casi 30 cosas. ¿Parece increíble, no?

Bendiciones y gratitud: sólo «salta al vacío» quien no tiene fe | Razon+Fe

«Alguien propuso llevar un registro y escribir, diariamente, al final del día y antes de irse a dormir, tres cosas o razones por las cuales dar gracias en dicho día…

Y ahora que estoy solo también en mi cuarentena, es impresionante la cantidad de cosas de las que me percato, y cómo la creatividad y la mente se activan, por lo cual hay que moderarlas, pues, como decía la mística Santa Teresa de Jesús: «La imaginación es ‘la loca’ de la casa».

Pero, cuidado, hay que vigilar también otro aspecto: no es nada más hacer cosas, sino hacer las cosas que se deben hacer: hacerlas todas, hacerlas completas y hacerlas bien. Después, escribir, leer, ordenar, en fin…, proyectar. Es seguir adelante con el proyecto de vida dentro de las circunstancias “restringidas” en las que nos encontramos.

Pero esta vez, a la luz de algo que es innegable: no se puede ocultar a sí mismo cómo es uno mismo. Y en la soledad nos damos cuenta de ello. Pero con la ayuda de un diario y un examen al final del día, nos percataremos de que las ideas son muchísimo más claras.

De esta manera, se facilita mucho más poner metas realistas, planteárselas en un plazo concreto y, sobre todo, se pone a prueba si uno es capaz de realizarlas o de aceptar la realidad como se le presenta y afrontarla. He ahí un buen desafío para nuestra cuarentena.


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Sobre el Autor

Edwin Botero Correa

Edwin Botero Correa

Comunicador Social - Periodista.
Estudios, Formación y Experiencia en Comunicación, Filosofía y Humanismo, Desarrollo Humano, Gerencia, Doctrina Social de la Iglesia, Educación y Pedagogía.

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