Espiritual Fe

Sermón para católicos tradicionales. Fiesta de la Sagrada Familia.

Jesús entre los doctores
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Escrito por Redacción R+F

“Cristo les empezó a hacer ver un Mesías diferente del supuesto por ellos: citando a Isaías y Zacarías, habrá empezado a apuntar un Mesías manso y benigno, pobre y humilde, Salvador de pecados, y no un Rey armado, victorioso y prepotente”.


Sermón del año 1965 tomado de Castellani, Leonardo.
Domingueras Prédicas II. Mendoza: Jauja.
R. P. Leonardo Castellani, S. J.

“Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: ‘Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando’. Él les dijo: ‘Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?’. Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”.

Del Santo Evangelio según San Lucas 2, 42-52

San Lucas es el único Evangelista que nos cuenta la niñez de Cristo. Dice que la averiguó de testigos, en Palestina; la Santísima Virgen solamente pudo haber sido. San Lucas resume la niñez (y juventud) de Cristo (30 años) con estas palabras: «Y volvieron a Nazareth y estaba sujeto a ellos; y crecía en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y delante de los hombres». Un solo incidente extraño rompe estos 30 años de paz familiar, trabajo, cariño y aprendizaje. Hoy es la fiesta de la Sagrada Familia: un incidente que pasó justamente porque era sagrada.

Este incidente extraño es la Pérdida y Hallazgo del Niño en el Templo… Doce años, ya no era niño. Era para Él la segunda Presentación en el Templo, equivalente a nuestra Confirmación: ese día el adolescente aceptaba la Ley de Dios y era hecho «Hijo de la Ley». Se quedó en el Templo sin avisar a sus padres. Lo hallaron al tercer día, en medio de los Doctores, interrogando y respondiendo. Otra interrogación y respuesta se cruzó entre Él y su Madre, que dejó pasmados a los Doctores.

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Otra interrogación se nos pone a nosotros. La respuesta la dio Él: «porque tenía un quehacer de su Padre». Eso no tiene dificultad. Dios Padre está por encima del Padre carnal y del Padre adoptivo. Otra pregunta tiene dificultad: ¿por qué no avisó a su Madre? La respuesta es, según creo: «porque no pudo».

Esta pregunta no se la ponían los Santos Padres y Exégetas antiguos: es inútil buscar en ellos una respuesta. Nosotros tenemos que ponerla porque apareció en Francia un médico loco, Binet Sanglé, que escribió un libro para probar que Cristo fue un loco; y cita por primero esta segunda Epifanía de Cristo para probar que está loco. Conociendo las costumbres judías, uno puede ver la escena: los Doctores enseñaban al pueblo los días cercanos a la Pascua preguntando y respondiendo, y allí estaba Jesús solo. De repente llamó la atención por una pregunta o una respuesta. Hablaban del Mesías sin duda, no hablaban de otra cosa entonces. Lo llamaron y lo hicieron sentar entre ellos. Supongo, Cristo les empezó a hacer ver un Mesías diferente del supuesto por ellos: citando a Isaías y Zacarías, habrá empezado a apuntar un Mesías manso y benigno, pobre y humilde, Salvador de pecados y no un Rey armado, victorioso y prepotente.

Cristo entre los doctores. Orazio Borgianni (1609). Rijksmuseum.

Estaban estupefactos todos, dice San Lucas, «de su discernimiento». El Sumo Sacerdote o el que allí presidía le mandó se quedara allí; y Él obedeció ciegamente, como había jurado aquel día, a la autoridad religiosa.

Dirán que esto no está en el Evangelio. Puede que esté: en la respuesta que Él dio a su Madre: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los quehaceres de mi Padre Yo debía estar?». Así puesta, esta respuesta no tiene atadero posible: la Virgen debería haber replicado: «¿Cómo no te habíamos de buscar?». Pero Jesús dijo: «¿Por qué me buscabais allí?». «Ezeetelte», dice el texto griego. Lo habían buscado entre los conocidos y amigos. Es como si Jesús hubiese dicho: «Si Yo me pierdo, no me busquen entre mis primos y primas sino en el Templo».

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Yo no veo otra explicación fuera de esta. Todas esas palabras de asombro que repite Lucas… Fue la primera salida de Cristo como Mesías, y es misteriosa por lo tanto: el misterio de las virtudes perfectas.

Un místico español, San Alonso Rodríguez, que fue un leguito jesuita portero del Colegio de Mallorca, escribió un tratadito que se llama «El Misterio de las Virtudes Perfectas», donde dice que las virtudes perfectas son diferentes de las virtudes comunes no solamente en grado sino en natura; y tiene razón, porque las virtudes perfectas son puro amor de Dios, que es virtud teologal, y no son ya Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, que son virtudes morales.

Y así él hacía cosas raras como Jesucristo y como muchos otros Santos. Por ejemplo, un día el Superior le dijo: «Espéreme allí», y se fue y se olvidó; y él se quedó allí esperando seis horas hasta que el Superior distraído lo encontró y le dijo: «¿Qué está haciendo allí?». «Obedeciendo. Su Reverencia me dijo que esperara». Puede que también haya habido allí un chiste para corregir al Superior de sus distraimientos.

Muchos Santos han hecho cosas raras o no comunes como ésta, movidos por el Espíritu Santo. Cosas ADMIRABLES Y NO IMITABLES: como San Francisco de Asís, Santa Juana Francisca Chantal, San Luis Gonzaga, San Benito Labre. El Cura Brochero le dio a un pobre en la calle todo el dinero que llevaba y después se fue a pie desde plaza General Paz hasta Alta Córdoba; y eso que entonces el tranvía costaba 10 centavos. Pero también a nosotros nos toca un poco el misterio de las virtudes perfectas; porque la conducta del cristiano no es comprendida por el mundo; y a veces es reprochada, aborrecida o explotada.


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