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¿La muerte “digna” tiene algo de digno?

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Escrito por Padre Henry Vargas
¡Difunde la cultura de la Vida!

la palabra eutanasia, etimológicamente hablando, tiene origen griego y significa literalmente buena muerte. En consecuencia, para nosotros los cristianos, la verdadera “eutanasia” tiene una doble connotación: Por un lado, es morir en gracia de Dios, estar preparados para tener una santa muerte, una buena muerte (y en este sentido a San José se le considera el patrono o protector de la buena muerte); y, por otro lado, es la aceptación y defensa de la muerte natural cuando debe llegar, sin que sea manipulada.

La eutanasia, como la concibe la sociedad, es propiciar (por piedad, por comodidad por parte de terceros o por otros argumentos), la muerte de un enfermo o provocarla voluntariamente para sí mismo con el fin de acabar con un sufrimiento o con un dolor.

La eutanasia es, pues, la muerte anticipada; muerte que la ley humana –la ley de la eutanasia allá donde ha sido aprobada- pretende hacerla pasar como muerte digna o muerte con dignidad cuando objetivamente es un suicidio (un suicidio asistido) o un asesinato legal.

La ley de la eutanasia es contraria a la dignidad de la persona; y no solo esto, ésta ley viola el derecho a la vida humana y a los derechos más fundamentales que le son inherentes, garantizados por la Constitución Política de cada país y por la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 3).

Ahora bien, si existe el derecho que tiene toda persona a la vida o a vivir, existe por tanto el deber del Estado y de toda persona de custodiar la vida ajena y/o propia, defenderla y promocionarla.

En este sentido no existe, bajo ningún pretexto, el derecho a eliminar a nadie ni de manera directa ni de manera indirecta. De manera directa cuando se administra una sustancia letal al enfermo, con o sin su consentimiento; y de manera indirecta cuando no se le presta al enfermo el soporte básico, proporcional a su situación de enfermedad, para su supervivencia. Así como tampoco existe el derecho a que cada persona se quite la vida con o sin ayuda.

La eutanasia, que es una expresión de la cultura de la muerte, se basa en la mentalidad eficientista por la cual las personas debilitadas, gravemente enfermas y ancianas se consideran una realidad insoportable y muy gravosa. Esta mentalidad que busca a toda costa una eficiencia productiva considera que una vida irremediablemente inhábil no tiene ya valor alguno o no tiene dignidad; y como no tiene dignidad se cree que la eutanasia es digna.

La eutanasia y/o el suicidio asistido contradice los principios rectores de la enfermería, la medicina y el derecho. La sociedad debe recordar que dentro de los fines de la ciencia médica no está el acabar con la vida de nadie; los fines de la ciencia médica son fundamentalmente la asistencia y curación de los enfermos, el prevenir las enfermedades o la promoción de la salud, el alivio del dolor y el sufrimiento causado por la enfermedad y evitar la muerte prematura.

De manera pues que la sociedad, a través de la ley de la eutanasia, no solo no ofrece esperanza de vida a las personas que se encuentran en situación de desesperación por su situación de dolor o de depresión o se encuentran en fase terminal, sino que además condena a dichas personas de manera ignominiosa a la muerte con o sin el beneplácito de la persona enferma.

El ser humano tiene una dignidad que hay que respetar. La dignidad del ser humano hace referencia a la grandeza o al valor inherente que él tiene por el simple hecho de serlo, en cuanto está dotado de libertad y goza de racionalidad. Toda persona sin distinción alguna tiene un valor o una grandeza que no es otorgada por nadie, sino que es consustancial, algo ontológico, y esta dignidad no se pierde aún en medio del dolor, del sufrimiento.

El derecho a la vida, respetando su dignidad, no se debe violar, anular o menoscabar; y se debe respetar hasta cuando la vida llegue a su natural final. Y hay que morir con dignidad cuando llegue naturalmente el final de la vida.

La muerte es una realidad ineludible, nunca se debe considerar un derecho o una opción. El derecho a morir dignamente debe entenderse, pues,  como el derecho a morir en determinadas condiciones de cuidado y aquí están los tratamientos que las personas deben recibir necesariamente al final de su vida.

Hay infinidad de documentos oficiales tanto en el ámbito civil como en el eclesiástico que tocan el asunto; documentos que ven en la eutanasia un problema más nunca una solución.

¿Qué dice la Iglesia? Cito tan solo dos referencias:

Dijo el Papa Juan Pablo II: “… de acuerdo con el Magisterio de mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Semejante práctica conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio” (Evangelium Vitae, 65).

 “Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable. Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre (cf. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Iura et bona)” (Catecismo, 2277).

En el lado opuesto a la eutanasia se encuentra otra práctica que igualmente se debe evitar: La distanasia. La distanasia es retrasar la muerte todo lo posible. Por tanto, ante la inminencia de la muerte se puede optar por renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación penosa y precaria de la existencia. En tales casos no deben interrumpirse las curas normales debidas al paciente en situaciones semejantes.

No es obligatorio someterse a aquellas técnicas que todavía no están suficientemente experimentadas. No es obligatorio emplear aquellos medios que imponen al paciente sufrimientos ni molestias mayores que los beneficios que se pueden obtener. Es lícito interrumpir la aplicación de algunos medios cuando los resultados defraudan las esperanzas puestas en ellos.

¿Qué cultura o mensaje dejamos a los jóvenes de hoy y a las futuras generaciones, si con la eutanasia les transmitimos la idea que los enfermos, aunque sean seres vulnerables, no merecen la protección de todos?

Con la eutanasia se le está comunicando a la humanidad básicamente dos errores graves:  

1.- Se está diciendo que procurar la muerte soluciona problemas; es la lógica de los criminales, de la mafia. Es que el fin (evitar un sufrimiento) no justifica los medios (la muerte provocada).

2.- Se está diciendo que la persona tiene una dignidad mientras produce; que, por tanto, cuando la persona ya no produce pierde su dignidad, deja de ser persona.

El Estado, legalizando la eutanasia, está diciendo implícitamente que hay vidas eliminables por distintos motivos… y que permitiendo el suicidio asistido se está ayudando a todos.

La eutanasia legal dificulta invertir en cuidados paliativos y en la lucha contra el dolor.

Cuando se legaliza la eutanasia se tiende a meter en el mismo saco a todos los enfermos; nunca se queda en casos extremos, enseguida se amplía a otros, aunque de manera legal.

La eutanasia no es una opción libre; casi siempre va ligada a depresión… y la depresión puede tratarse.

La eutanasia da demasiado poder al Estado; poder para matar a quien, por ser un enfermo incurable o un moribundo, se considera un estorbo, un problema, una carga.

La eutanasia se presta para macabros abusos. La ley de la eutanasia, aunque esté reglamentada siempre está expuesta al fraude, incluyendo una laxitud en la aplicación de dicha ley.

La eutanasia niega o elimina el trabajo de tantos terapeutas o de tantos cuidadores que quieren desempeñar su trabajo con dedicación o desempeño.

P. Henry Vargas Holguín.

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