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Francisco niega la posibilidad del Dogma Mariano de la Corredención

«María es nuestra madre. No ha pedido ser una co-redentora. No, el Redentor es uno solo y este título no se duplica. Sólo discípula y madre. Y así tenemos que rezarla a ella».

Francisco, Homilía, 3 de abril de 2020. Viernes de Dolores.

Video de la Homilía del 3 de abril de 2020. Lo referido se puede ver a partir del minuto 3:30.

Se trata de «El quinto Dogma Mariano», como ha sido llamado y esperado por muchos durante siglos, aunque aún no haya sido formulado ni definido solemnemente, es decir, promulgado formalmente por la Iglesia.

No obstante –y pese a la humildad de la Santísima Virgen María–, se trata de un «tema» no menor para Iglesia toda, consagrados y fieles incluidos. El «Dogma de la Corredención» ha sido estudiado teológicamente, y se encuentra ya bastante avanzado y maduro para ser propuesto al discernimiento y a la aprobación de la Santa Iglesia.

En su estudio se han propuesto y debatido «tres vías» por las cuales se comprobaría la participación plena de María en la Misión Redentora de Jesús, pero no sólo como «discípula y Madre» –como lo ha dicho enfáticamente hoy Francisco en su homilía en la Casa Santa Marta, negando también que se le trate como Reina–, sino como criatura Privilegiada por la Santísima Trinidad, en particular por el mismo Jesús, que es a lo que llamamos «Corredención» sin que por ello se le reste mérito alguno a Jesús como Salvador ni se le niegue algo de su divinidad, o se «convierta» a María en «salvadora», en lugar de Él.

En el video completo de la Misa, se puede ver el momento exacto de la homilía (Minuto 19) en el que Francisco lo dice.

«María es nuestra madre. No ha pedido ser una co-redentora. No, el Redentor es uno solo. Este título no se puede redoblar. Sólo discípula y Madre. Y así tenemos que rezarla a ella».

Homilía, 3 de abril de 2020. Viernes de Dolores

Este es el párrafo íntegro, tomado literalmente de Vatican News, en el que el Papa se refiere explícitamente a la imposibilidad de considerar a la Santísima Virgen María o de referirse a Ella más allá o de manera distinta a «discípula y madre»:

«Honrar a la Virgen y decir: «Esta es mi Madre», porque ella es la Madre.

Y este es el título que recibió de Jesús, justo ahí, en el momento de la Cruz. Tus hijos, tú eres Madre. No la nombró primer ministro ni le dio títulos de «funcionalidad». Sólo «Madre».

Y luego, los Hechos de los Apóstoles la muestran en oración con los Apóstoles como una madre. Nuestra Señora no quiso quitarle ningún título a Jesús; recibió el don de ser su Madre y el deber de acompañarnos como Madre, de ser nuestra Madre.

No pidió para sí misma ser cuasi-redentora o una co-redentora: no. El Redentor es uno solo y este título no se duplica. Sólo discípula y madre.

Y así, como madre debemos pensar en ella, debemos buscarla, debemos rezarle. Ella es la Madre.

En la Iglesia Madre. En la maternidad de la Virgen vemos la maternidad de la Iglesia que recibe a todos, buenos y malos: a todos».

Esta es la homilía pronunciada por Francisco este viernes 3 de abril, en la Casa Santa Marta, publicado por Vatican News:

Misa en Santa Marta del Papa Francisco – Vatican News

Este 3 de abril, en la Misa en Santa Marta, el Santo Padre dirigió su pensamiento a la pobreza, el desempleo y el hambre que son causados por la pandemia del coronavirus y reza por aquellos que ya están tratando de remediarlo.

A continuación el texto de la homilía según nuestra transcripción y al mismo tiempo te invitamos a seguir la Santa Misa (video integral) desde nuestro canal de Youtube:

Este Viernes de Pasión, la Iglesia recuerda los dolores de María, Nuestra Señora de los Dolores. Desde hace siglos se cultiva esta veneración del pueblo de Dios. Se han escrito himnos en honor a Nuestra Señora de los Dolores: estaba al pie de la cruz y la contemplan allí, sufriendo. La piedad cristiana ha recogido los dolores de la Virgen y habla de los «siete dolores». El primero, sólo 40 días después del nacimiento de Jesús, la profecía de Simeón que habla de una espada que atravesará su corazón. El segundo dolor, se refiere a  la huida a Egipto para salvar la vida de su hijo. El tercer dolor, esos tres días de angustia cuando el niño se quedó en el templo. El cuarto dolor, cuando Nuestra Señora se encuentra con Jesús en el camino al Calvario. El quinto dolor de Nuestra Señora es la muerte de Jesús, ver al Hijo allí, crucificado, desnudo, muriendo. El sexto dolor, el descenso de Jesús de la cruz, muerto, y lo toma en sus manos como lo había tomado en sus manos más de 30 años [antes] en Belén. El séptimo dolor es el entierro de Jesús. Y así, la piedad cristiana sigue este camino de Nuestra Señora que acompaña a Jesús. Es bueno para mí, por la tarde, cuando rezo del Ángelus, rezar estos siete dolores como recuerdo de la Madre de la Iglesia, cómo la Madre de la Iglesia con tanto dolor ha podido darnos a luz a todos.

La Virgen nunca pidió nada para sí misma, nunca. Sí, para los demás: pensemos en Caná, cuando va a hablar con Jesús. Nunca ha dicho: «Soy la Madre, mírenme: soy la Reina Madre». Ella nunca dijo eso. No pidió algo importante para ella, en el colegio apostólico. Sólo acepta ser madre. Acompañó a Jesús como discípula, porque el Evangelio muestra que siguió a Jesús: con sus amigas, mujeres piadosas, seguía a Jesús, escuchaba a Jesús. Una vez que alguien la reconoció: «Ah, aquí está la madre», «Tu madre está aquí»… Ella estaba siguiendo a Jesús. Hasta el Calvario. Y allí, de pie… la gente seguramente le decía: «Pero, pobre mujer, cómo va a sufrir», y los malos seguramente dijeron: «Pero, ella también tiene la culpa, porque si lo hubiera educado bien esto no habría terminado así». Allí estaba, con el Hijo, con la humillación del Hijo.

Honrar a la Virgen y decir: «Esta es mi Madre», porque ella es la Madre. Y este es el título que recibió de Jesús, justo ahí, en el momento de la Cruz. Tus hijos, tú eres Madre. No la nombró primer ministro ni le dio títulos de «funcionalidad». Sólo «Madre». Y luego, los Hechos de los Apóstoles la muestran en oración con los Apóstoles como una madre. Nuestra Señora no quiso quitarle ningún título a Jesús; recibió el don de ser su Madre y el deber de acompañarnos como Madre, de ser nuestra Madre. No pidió para sí misma ser cuasi-redentora o una co-redentora: no. El Redentor es uno solo y este título no se duplica. Sólo discípula y madre. Y así, como madre debemos pensar en ella, debemos buscarla, debemos rezarle. Ella es la Madre. En la Iglesia Madre. En la maternidad de la Virgen vemos la maternidad de la Iglesia que recibe a todos, buenos y malos: a todos.

Hoy nos hará bien detenernos un poco y pensar en el dolor y las penas de Nuestra Señora. Ella es nuestra madre. Y cómo los ha llevado, cómo los ha llevado bien, con fuerza, con llanto: no era un llanto falso, era precisamente su corazón destruido por el dolor. Nos hará bien detenernos un poco y decirle a Nuestra Señora: «Gracias por haber aceptado ser Madre cuando el Ángel te lo dijo, y gracias por haber aceptado ser Madre cuando Jesús te lo dijo”.

Finalmente, el Papa terminó la celebración con la adoración y la bendición Eucarística, invitando a realizar la comunión espiritual. Aquí sigue la oración recitada por el Papa:

“Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén”.

Antes de salir de la Capilla dedicada al Espíritu Santo, se cantó la antigua antífona mariana Ave Regina Caelorum («Ave Reina del Cielo»).

Misa en Santa Marta del Papa Francisco – Vatican News

Este 3 de abril, en la Misa en Santa Marta, el Santo Padre dirigió su pensamiento a la pobreza, el desempleo y el hambre que son causados por la pandemia del coronavirus y reza por aquellos que ya están tratando de remediarlo.


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Redacción R+F

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