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¿Cuál es y dónde está el Protoevangelio?

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Padre Henry Vargas
Escrito por Padre Henry Vargas
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¿El Protoevangelio es un evangelio apócrifo? ¿Es un evangelio recientemente descubierto? Ni lo uno ni lo otro.  Etimológicamente el prefijo griego ‘proto’ significa primero o primer, y evangelio, en griego, significa ‘buena nueva’ o ‘anuncio’.

Aquí pues estamos hablando del ‘primer’ evangelio o del primer anuncio o de la primera buena nueva o noticia.  ¿Y cuál es y dónde está el protoevangelio? Curiosamente este  primer anuncio o esta primera buena nueva no es un libro ni está en el Nuevo Testamento.

El Protoevangelio es un versículo del Antiguo Testamento, y lo encontramos en el primer libro, en el libro del génesis. El Protoevangelio está en el versículo 15 del capítulo tres, que dice: “Enemistad pondré entre ti  y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar”. 

Esta buena noticia alentó al género humano privado de la gracia de Dios. El Protoevangelio es un oráculo de Yahvé, (palabras que salen directamente de la boca de Dios) con un contenido profético en relación implícita con la misión maternal de María.

Sólo en el Nuevo Testamento se descubre el pleno cumplimiento de la revelación del Primer Testamento. María tiene con el Mesías Salvador la relación proporcional de Eva con la humanidad caída, esto es, el vínculo materno.

El texto del Protoevangelio de por sí contiene toda la fuerza y vigor de la acción salvífica de Dios. Afirma la aversión entre la serpiente (el diablo) y la humanidad, pero deja entrever la superioridad y victoria final de la descendencia de la mujer, de María; su mensaje tiene un sentido mesiánico. Junto con el Mesías va incluida su madre; de ahí el por qué los padres de la Iglesia también dieron la interpretación mariana al ‘Oráculo’ de Yahvé.

Lo dice el mismo Concilio Vaticano II: “Estos primeros documentos (…), evidencian poco a poco, de una forma cada vez más clara, la figura de la mujer Madre del Redentor. Bajo esta luz aparece ya proféticamente bosquejada en la promesa de victoria sobre la serpiente, hecha a los primeros padres caídos en pecado (Gen 3, 15)” (LG 55).

Juan Pablo II interpreta el texto diciendo: “En el designio salvífico de la Santísima Trinidad el misterio de la Encarnación constituye el cumplimiento sobreabundante de la promesa hecha por Dios a los hombres, después del pecado original, después de aquel primer pecado cuyos efectos pesan sobre toda la historia del hombre en la tierra (Gén 3, 15). Viene al mundo un Hijo, el ‘linaje de la mujer’ que derrotará el mal del pecado en su misma raíz: ‘aplastará la cabeza de la serpiente’. Como resulta de las palabras del Protoevangelio, la victoria del Hijo de la mujer no sucederá sin una dura lucha, que penetrará toda la historia humana. ‘La enemistad’, anunciada al comienzo, es confirmada en el Apocalipsis, libro de las realidades últimas de la Iglesia y del mundo, donde vuelve de nuevo la señal de la ‘mujer ‘, esta vez ‘vestida del sol’ (Ap 12, 1)” (Redemptoris Mater, 11).

La estructura del Protoevangelio admite dos niveles: Uno superficial y otro profundo. El texto establece una primera relación, a nivel superficial, entre Eva y su linaje, uno de cuyos miembros, descendiente inmediato de Eva, vencerá a la serpiente. En otro nivel, más profundo, presenta a María –la nueva Eva- en conexión directa con su Hijo, el cual aplastará la cabeza de la misma serpiente.

Por ello, solo en María, la nueva Eva, la enemistad entre la mujer y la serpiente llega a su pleno cumplimiento. De este modo, ya al inicio de la historia de la salvación la Virgen aparece ligada al triunfo de su Hijo sobre el mal.

El mencionado pasaje pertenece al autor yahvista, quien escribe aproximadamente durante el reino de Salomón, cuando iniciaba la promesa mesiánica.

La profecía del Protoevangelio es, pues, propiamente mesiánica. María es grande solo en el sentido del Evangelio: en cuanto al humilde servicio que, por su maternidad libremente acogida, presta a la obra de su hijo.

La línea salvífica que arranca en la elección de Abrahán y se concreta en el pueblo de Israel tiene un punto central en las profecías mesiánicas comenzando por aquellas que ponen de relieve la presencia y misión de la madre del Mesías propuesto por Dios (Is 7, 14; Mi 5, 3).

P. Henry Vargas Holguín.

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