Espiritual

«Estaba de pie la Madre sufriendo», tradición, arte y oración para el #viernesdedolores

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Escrito por Redacción R+F

El Viernes de Dolores marca el inicio de la Semana Santa o Semana de Pasión, y se celebra el último viernes de Cuaresma, previo al Domingo de Ramos.

Los católicos dedicamos este día a meditar la agonía de la Virgen María, quien anticipaba en su corazón el sufrimiento por la Pasión y Muerte de su Hijo, incluyendo en la liturgia de la Misa de este día, por ejemplo, la secuencia del Stabat Mater.

En distintas ciudades hispánicas se realiza una procesión a esta especial advocación a Nuestra Señora.

Este video lo realizó la Cofradía del Amparo de Murcia (España), para anunciar sus celebraciones de la Semana Mayor:

Mientras que en la tradición mexicana en honor a la Virgen de los Dolores se ofrecen aguas (refrescos) de colores con semillas de chía o nieve para representar sus lágrimas, y se le obsequian manteles y flores blancas y naranjas que representan la pureza y la aflicción, acompañadas de velas.

La oración Stabat Mater reproduce la tercera de las siete palabras de Cristo en la Cruz, cuando se dirige a Juan y le entrega a María como madre suya y de todos los cristianos: “Mujer, aquí tienes a tu hijo … Aquí tienes a tu madre”, (Juan, 19: 26-27).

Esta es la obra Stabat Mater Dolorosa del famoso compositor barroco italiano Giovanni Battista Pergolesi (1710 – 1736), acompañadas de diversas pinturas con temáticas de la Semana Santa.

Esta es la oración Stabat Mater traducida del latín por Lope de Vega:

La Madre piadosa parada
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,

de tantos tormentos llena!

Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.
Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.
¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.
Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo.
Porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.
¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea.
Porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.
Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio.
Porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.
Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.
Porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria.
Amén.

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