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El último llamamiento de Benedicto XVI a Europa

El ultimo llamamiento de Benedicto XVI a Europa
Escrito por Edwin Botero Correa

“El último esfuerzo intelectual del Papa Emérito, ahora de 94 años, se estrena en las librerías de toda Italia este 16 de septiembre. El libro ofrece una colección de textos seleccionados de Joseph Ratzinger, que van desde la sexualidad hasta el futuro de la civilización europea, y fue concebido como una especie de “última llamada” al Viejo Continente, el lugar que más que ningún otro ha sido moldeado por el Evangelio y que hoy, tras casi dos milenios de matrimonio con la Cruz, parece encaminarse inexorablemente hacia una nueva fase histórica: el «poscristianismo»”.

Ofrecemos la traducción de este interesante artículo, que da cuenta del “Testamento Espiritual” de Benedicto XVI para Europa, un continente que cree haber superado la naturaleza real del hombre, pero que en realidad se mueve hacia un nihilismo que, como todos, cae en el absurdo: pretende que el tallo puede florecer y dar frutos prescindiendo de sus raíces.

Pero Joseph Ratzinger, fiel hasta lo último, no las olvida ni renuncia a ellas, y cumple hasta el final su Misión Apostólica de recordárselas, así como las consecuencias de su olvido, a los europeos y ciudadanos del mundo en el Siglo XXI.


Por Emanuel Pietrobon
15 DE SEPTIEMBRE DE 2021 | Publicado en it.insideover.com

Retirado a una vida monástica austera y reservada durante casi diez años, Benedicto XVI rompe periódicamente su abstinencia de los focos y los micrófonos para expresar su punto de vista sobre cuestiones de urgente relevancia en cuanto están vinculadas a las enseñanzas y dogmas de la Iglesia católica, y por su importancia aunque se trate de cuestiones relativas al mundo y las relaciones internacionales.

El último discurso del Papa Emérito, cuyo contenido será plenamente utilizable en los próximos días, fue recogido por una editorial, Edizioni Cantagalli, que lo integró en “La vera Europa. Identidad y misión”, libro dedicado al futuro de la civilización europea -que, como era de esperar, se publica justo en el cincuentenario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre la Unión Europea y la Santa Sede– y que cuenta con la participación del pontífice reinante, Francisco, en el prólogo.

La última llamada de Ratzinger

El último esfuerzo intelectual del Papa Emérito, ahora de 94 años, se estrenará en las librerías de toda Italia el 16 de septiembre. El libro ofrece una colección de textos seleccionados de Joseph Ratzinger, que van desde la sexualidad hasta el futuro de la civilización europea, y fue concebido como una especie de “última llamada” al Viejo Continente, el lugar que más que ningún otro ha sido moldeado por el Evangelio y que hoy, tras casi dos milenios de matrimonio con la Cruz, parece encaminarse inexorablemente hacia una nueva fase histórica: el poscristianismo.

Los textos de Benedicto XVI, que a diferencia del pontífice reinante nunca ha amado ni los tonos conciliadores con el mundo ni las ambigüedades, prometen ser incendiarios y fuente de probables repercusiones negativas sobre la imagen de la Iglesia. Porque ya se ha dado a conocer, por ejemplo, que el Papa Emérito definió allí los matrimonios homosexuales en términos de “contradicción con todas las culturas de la humanidad que se han sucedido hasta ahora” y “revolución cultural que se opone a toda la tradición” de la humanidad hasta hoy. También explicó la naturaleza de la relación entre hombre y mujer como “ordenada a la procreación” y no como orientada a la separación “entre fecundidad y sexualidad”.

En cuanto a la simbología presuntamente abarcante o “inclusiva” del arco iris, la inversión de las relaciones entre los dos sexos y el cambio en el enfoque de la procreación, para el Papa Emérito todo está conectado, unido por un denominador común y caracterizado por un origen compartido: la revolución sexual de 1968. Una lectura del cambio en el alma y el rostro de Occidente que Ratzinger ya había expuesto en el pasado, atrayendo sobre él una lluvia de duras críticas, y que en el libro quiso profundizar, puntualizar y sentar las bases de sus apreciaciones y análisis, al menos desde el Punto de vista católico.

La necesidad de una auténtica “ecología humana”

Varias y muchas son las advertencias dirigidas al Viejo Continente cada vez más secularizado y poscristiano, al que Ratzinger invita a recuperar la memoria de un hecho histórico que ha caído en la damnatio memoriae, a saber, que “la figura de Jesucristo está en el centro de la historia europea y es el fundamento del verdadero humanismo, de una nueva humanidad”. Olvidar la “dignidad completamente nueva” con la que Jesús invistió al hombre sería antropológica y políticamente peligroso porque –prosigue el Papa Emérito– “si el hombre es sólo el producto de una evolución casual, entonces su propia humanidad es una casualidad y, por tanto, en cierto momento será posible sacrificar al Hombre para propósitos aparentemente superiores”.

Partiendo del punto anterior, el Papa Emérito explica cómo, según él, es posible evitar que el Hombre sea deshumanizado por lo que Juan Pablo II había rebautizado como “cultura de la muerte”, pero que –a la luz del horizonte de la revolución transhumanista– podría reelaborarse como una “cultura de la nada”, donde cada valor es relativo, cada frontera es móvil e incluso la condición humana puede ser superada: la creación de una “ecología del hombre”.

Una auténtica ecología del hombre, explica Ratzinger, debe salvaguardarla naturaleza del hombre, así como el movimiento ecologista ha descubierto el límite de lo que se puede hacer y ha reconocido que la naturaleza establece para nosotros una medida que no podemos ignorar impunemente”. Porque también el hombre, al igual que la creación, está dotado de una naturaleza propia y peculiar, cuya negación “conduce a la autodestrucción”. Una negación que –prosigue el Papa Emérito– puede adoptar diversas formas, entre las que destaca la “tendencia creciente al suicidio como final planificado de la vida”.

El hombre no tiene otra opción, según Ratzinger, ante una encrucijada: ser uno con Dios, es decir, ser una “criatura, imagen y don de Dios”, o pertenecer al mundo, abrazando así la idea de que “el ‘hombre es un producto’ que él mismo sabe crear”, o que el ser humano “ya no se genera y se concibe, sino que se hace”. Al optar por el segundo camino, explica el Papa Emérito, “se renuncia a la idea de la Creación, se renuncia a la grandeza del Hombre, se renuncia a su responsabilidad y a su dignidad, que está por encima de toda planificación”.

Aunque los habitantes de esta parte de la humanidad –Europa–, en este preciso momento histórico, parecen orientados más hacia la tierra que hacia el cielo, prefiriendo la perspectiva de una vida finita y terrena a una eterna y sobrenatural, Ratzinger –en consonancia con su propio optimismo cristiano– concibió el epílogo del libro como un mensaje de esperanza para los contemporáneos y la posteridad. En efecto, el Papa Emérito dice estar persuadido de “el hecho de que la búsqueda de Dios está profundamente escrita en cada alma humana y no puede desaparecer […], ciertamente, durante un tiempo, uno puede olvidarse de Dios, dejarlo a un lado, lidiar con otras cosas, pero Dios nunca desaparece”.

Retomando a San Agustín, uno de los Padres de la Iglesia Católica, Ratzinger cree “que los hombres estamos inquietos hasta que no hayamos encontrado a Dios [y] que esta inquietud existe aún hoy”, confiando en el hecho “de que el hombre, nuevamente, aún hoy, emprende un camino hacia este Dios”. Conclusión optimista para una obra realista que, considerada como la última llamada de la Iglesia a Europa, puede leerse también como una especie de testamento espiritual de este papa-filósofo, quien nunca olvidó sus orígenes a pesar de una vida dedicada a la ecumene.

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