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Actualidad

La Belleza de la Soledad

Isa 1
Escrito por Sin Medida

“Es muy bueno rezar en comunidad, pero hay tiempos en que la soledad es necesaria para rezar, necesaria para descubrir aspectos de la realidad que se nos escapan. Necesaria para el desarrollo de otras dimensiones del ser. La soledad es para ‘oírle’, para bajar a niveles de nuestro ‘yo’ que se nos escapan y que no explotamos porque desconocemos. La soledad es para saber ‘con quién estamos y quién somos’. Es soledad poblada, colmada. La oración a solas no es huir de nadie sino ir hacia Alguien. No es ausencia sino presencia. Es estar con Él, con Dios.”

(Santa Teresa de Jesús)

Por: María Isabella Torres.

Estudiante de Ingeniería Eléctrica y Electrónica de la Universidad de los Andes. 21 años. Integrante del Movimiento Interuniversitario Sin Medida.

Cuando era más pequeña vi una serie que se llama Avatar: la Leyenda de Aang, ocurre en un mundo dividido en 4 naciones, cada una con personas que pueden controlar uno de los cuatro elementos. Los que controlaban el aire se llamaban nómadas o maestros aire, y se caracterizaban por ser pacíficos, buscar la libertad y se reunían en unos templos ubicados en los picos de montañas muy altas. En este lugar se dedicaban a reflexionar y entrenar para mejorar sus técnicas de control de aire, era un espacio de tranquilidad y armonía. Todo esto dejó un gran deseo en mi corazón de irme a una montaña, alejada de todo el mundo y de todos, como en los templos de los maestros aire: me gustaba mucho la idea de apartarme de otros para acercarme a mí y reflexionar.

Cuando fui creciendo, me di cuenta de que este deseo era compartido con otras personas que también estaban cansadas o saturadas del mundo. Este anhelo me despertó mucha curiosidad, y comencé a buscar las razones por las que mi corazón buscaba la soledad. Inicialmente me percaté de que nos encontramos en ciudades que gritan, en un sistema en el que estamos expuestos a un exceso de estímulos. A nuestro alrededor abundan los productos para buscar una vida cada vez más cómoda, más llena de placer físico y/o emocional, de experiencias costosas, de muchos seguidores y poca austeridad; una vida más llena de cosas vacías. 

Nacen medios para distraernos y mantener la mente ocupada en aplicaciones adictivas que quitan más de lo que dan, nos garantizan espacios donde no estemos aburridos. ¡Y es preocupante! Se han hecho estudios que muestran que el aburrimiento es necesario para que podamos descansar, mejoremos la creatividad, la imaginación y la capacidad de prestar atención. No es de extrañarse que las mejores ideas y los mejores espacios de reflexión sean en el transporte público (donde la mamá interna no lo deja a uno sacar el celular) o en la ducha, lejos de distracciones. Pero nos aterra estar sin nada qué hacer, sin una pareja o unos amigos, sin aprobación, sin información de la vida de otros, sin memes, sin series o películas.

Todo esto tiene un solo origen, el miedo a la soledad. Desde la psicología se dice que el hombre enfrenta uno de los peores traumas de su vida al nacer: el de ser separado de su madre, donde pierde ese lugar en el que se siente seguro; es un momento de separación que nos obliga a enfrentarnos al sentimiento de abandono. Esto no es todo, sabemos que fuimos creados por Dios para Amar y ser Amados, sin embargo el pecado original nos separó de Dios y creó una profunda herida o un vacío en el corazón del hombre que solo Él puede llenar. Esta separación la reparó Cristo, ahora es nuestra elección si la aceptamos y la abrazamos, si nos dejamos amar por Él.

Todos los estímulos mencionados anteriormente se vuelven ilusiones, curitas, parches que nos prometen sentirnos más llenos entre más los usemos. Son formas de huir a esta soledad que sentimos, porque preferimos llenarnos de cualquier cosa que soportar estar con nosotros mismos, y enfrentarnos a nuestro pecado y nuestra debilidad. 

La buena noticia es que Dios renueva todas las cosas y ante él no hay pecado sin perdonar o debilidad sin ser amada. Él mismo nos invita a librarnos de todo este torbellino de ilusiones y a encontrarnos con Él cara a cara. Como dice San Agustín: “No vayas fuera, vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad”. Cuando perdemos este miedo a estar solos ganamos la capacidad de verlo y sentirlo a Él con mayor claridad, porque dentro del corazón del hombre habita Dios. Incluso vemos en la Sagrada Escritura cómo Nuestro Señor se aparta a orar: 

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.”

(Mt 14,23)


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Cristo a solas, orando (Foto por Rodolfo Clix de Pexels)

También se menciona que después de estar con mucha gente se apartaba a orar, y no porque se quisiera alejar de los apóstoles, sino, porque quería acercarse a su Padre. Estamos llamados a seguir este ejemplo, a apartar tiempo para estar solos, solos con Dios. Todos los Santos se forjaron en el trato silencioso con Dios, en cultivar un diálogo personal, no un monólogo, sino un diálogo donde también debemos callarnos para dejarlo hablar.

En mi corto camino he encontrado ayuda en los consejos y experiencias de los otros, los mismos que comparto para que puedan ayudar a otros. Este proceso lo dejo como un paso a paso hacia la belleza de la soledad:

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Paso a paso encontraremos a Cristo en la soledad. Fuente: canva
  1. Para comenzar es importante que admitamos con mucha humildad lo dependientes que somos de estas ilusiones. Podríamos comenzar identificando esas situaciones en las que más incomodidad sientes contigo mismo o en las que más recurres a estos parches para sentirte bien. Aclaración: los estímulos no son malos en sí mismos, lo malo está en la intención con la que los usamos. Si los usamos para llenar vacíos o aliviar dolores, estamos sacando a Dios del centro de nuestra vida para reemplazarlo por ídolos.
  2. Cambiemos la connotación negativa que tiene la soledad. La palabra soledad no debería ser sinónimo de rechazo, tristeza, nostalgia, melancolía. No dependemos de personas o cosas para ser felices, no debemos estar acompañados para estar bien. La verdadera felicidad y tranquilidad viene de la relación con Dios.
  3. Pidamos al Espíritu Santo que revele las razones por las que no nos gusta estar solos, que sane las heridas en el corazón que nos hacen dependientes de otros, esos miedos que nos hacen esclavos, inconsciente o conscientemente.
  4. Con el corazón ya dispuesto, dirijámonos a Dios para pedirle que nos ayude a renunciar a todas estas dependencias, sanar esta soledad y encontrarlo a Él en ella. Una de las partes de la Eucaristía que más me alivia es el ofertorio, ese momento donde el sacerdote alista el pan y el vino para la consagración, porque en este instante Jesús también nos invita a dejar en el altar todo aquello que está en nuestro corazón. Y ya que sabemos que no le podemos entregar nada que ya sea suyo, sólo nos queda entregarle nuestra miseria y nuestras debilidades. Es recomendable vivir este momento con intensidad para que nos ayude a sanar. También tengamos propósito de dejar estas ilusiones y pidamos a Dios la fuerza para hacerlo.
  5. Pasemos tiempo a solas de forma voluntaria. A veces rodearnos de tantas personas o actividades nos lleva a no desarrollarnos como individuos, así que puede ser bueno invertir una parte del tiempo en estar solos. Podemos retomar o comenzar algún pasatiempo que se haga solo, como leer, dibujar, bailar, hacer ejercicio, tocar un instrumento o escribir. También es bueno aplicarlo a las prácticas espirituales como el rosario, la coronilla, las oraciones del consagrado y obviamente la Santa Misa. Incluso puedes comenzar a hacer cosas que normalmente se hacen en grupo como ir a cine, ir a un restaurante, salir a un parque o irte de viaje. Pidámosle a Dios o a María que te acompañen en todas estas actividades.
  6. Cuando estemos solos, pensemos que Dios siempre está ahí para nosotros. Muchas veces el que está verdaderamente solo es Él, esperando a que nos acerquemos. ¡Vamos al santísimo!

Estos pasos no pretenden ser una guía rígida, es escuchar lo que Dios pida y trabajarlo, paso a paso. También podemos apoyarnos en un consejero o director espiritual para que nos ayude a progresar en las luchas.

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Dios siempre esta ahí para nosotros. Fuente: Canva

De esta forma, cuando volvamos a lo que antes era una ilusión lo usaremos de forma ordenada y no como mendigo. Usaremos las redes sociales sin tener que compartir cada momento con personas a las que en verdad no les importa (guardaremos las cosas en el corazón, como María, y no sólo en la memoria del celular). Viviremos cada momento por y para Dios, la oración fluirá más, la tranquilidad abundará, veremos a Dios con facilidad en momentos espontáneos del día, tendremos relaciones más saludables, buscaremos una pareja que nos complemente y no que nos complete. Aprendamos a ver la belleza que tiene la soledad, al único al que necesitamos es a Jesús, y como los apóstoles digamos:

“Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado”

(Lc 24,29)

REFERENCIAS:

  • Robles, “Los beneficios secretos del aburrimiento: te vuelve mas inteligente y creativo”, EL MUNDO, 2019. [Online]. Available: https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/04/18/5cb70885fc6c83317d8b464d.html. [Accessed: 29- Sep- 2021].
  • “Dios vive en el corazón del hombre”, OFM, 201Vilaseca9. [Online]. Available: https://www.ofminmaculada.org/la-palabra-todo/2956-dios-vive-en-el-corazon-del-hombre-19. [Accessed: 29- Sep- 2021].
  • E. Sanz, “Aburrirse un poco es bueno para el cerebro”, MuyInteresante.es, 2008. [Online]. Available: https://www.muyinteresante.es/salud/articulo/aburrirse-un-poco-es-bueno-para-el-cerebro. [Accessed: 29- Sep- 2021].[4]B.
  • B. Vilaseca, Claves para saber estar solo y amar la soledad | Borja Vilaseca. 2020.

Imagen principal: Foto por Snapwire de Pexels.

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