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La amistad en los tiempos del Coronavirus

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Escrito por sinmedida
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“La amistad es de los regalos más grandes que una persona, que un joven, puede tener y puede ofrecer. Es verdad. Qué difícil es vivir sin amigos. Fíjense si será de las cosas más hermosas que Jesús dice:

«Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre» (Juan 15, 5).

Uno de los secretos más grandes del cristiano radica en ser amigos, amigos de Jesús”.

Discurso preparado por el Papa Francisco para el encuentro con los jóvenes en la Costanera de Asunción, domingo 12 de julio de 2015.

Por Juan Sebastián Mora López
Músico profesional y miembro del
grupo juvenil interuniversitario Sin Medida.

Estamos en una época de aislamiento en la que las expresiones de afecto han tenido que ser suprimidas por fuertes medidas de salubridad y en la que la interacción social ha adquirido un entorno principalmente virtual. Ella nos debería cuestionar fuertemente sobre lo efímera que es la vida, dónde radica su verdadero valor y con quiénes vivirla. Bien decía Santo Tomás de Aquino:

La amistad es fuente de grandes placeres, sin amigos hasta lo más agradable se vuelve tedioso“. 

Pues bien, dadas las circunstancias actuales, esta frase adquiere un profundo sentido y nos recuerda la importancia de un vínculo fundamental y necesario en la vida de toda persona: la amistad. Relación humana en la que se descubre el valor de sí mismo y de los demás al poder compartir la vida, los sufrimientos y alegrías con aquellos a quienes llamamos amigos.

Soy parte de un grupo católico interuniversitario llamado Sin Medida, donde la vivencia del amor, la fe y la amistad han sido esenciales en mi desarrollo y camino en la universidad. Debo decir que al igual que el resto de los miembros del grupo, estoy totalmente agradecido con Dios ya que además de ser el espacio propicio para la formación y el crecimiento espiritual, también he descubierto allí con mayor profundidad el significado de los amigos a través de la fuente misma del amor: Cristo. Una amistad cimentada en el compromiso de luchar por estar en el mundo pero ser de Cristo, en servir a quien más lo necesita, en llevar a Dios a la academia y al mundo y en ver al que está a mi lado como mi hermano. En definitiva, verlo como un ser humano que significa tanto, que valió la sangre de Dios. Es por esto que el artículo a continuación se centra en algunos puntos en torno al fortalecimiento de la amistad en los tiempos del coronavirus.

La vida espiritual

¿Cómo hablar del amor entre amigos sin hacer mención a quien es el amor mismo? En el evangelio según San Juan se encuentra el siguiente versículo:

“Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada”.

Jn 15, 1-8

¡Qué mejor manera de dar frutos en nuestro trato con el prójimo que estando nutridos de la misma savia que corre por la vid! Cuando es Dios y la verdad la que transforma y alimenta nuestra forma de ser y vivir, la amistad no es una mera alineación de intereses comunes, sino por el contrario, un constante compartir con un alma que también está llamada a la salvación. De esta manera, no solo las actividades afines adquieren un mayor deleite y profundidad, sino que también se plenifica la dignidad propia y la del amigo por medio de un constante caminar con Jesús en lo cotidiano. 

Es así como esta cuarentena nos presenta una gran oportunidad de fortalecer la vida espiritual entre amigos. No tiene precio el rezar el rosario juntos, el reunirse para realizar una determinada devoción, orar, reflexionar la palabra de Dios, hacer ayuno o citarse para realizar adoración al Santísimo Sacramento en vivo. Para la mayoría podría sonar a ancianos, pero este aspecto denota un sentido trascendente en los lazos de amistad puesto que no es simplemente unirse a rezar, sino por el contrario, es el poder llevar a los pies de Cristo la vida de quienes amamos y conjuntamente unirnos a sus necesidades, tristezas, alegrías, agradecimientos, familias y almas.

Concluyendo este punto y no por eso menos importante, toma relevancia pensar sobre la amistad con aquellos que no comparten nuestras creencias, ya que como hijos del mismo Dios y desde nuestras diferencias podemos hacer presente el respeto, la escucha, la entrega, la caridad, la oración y el servicio. Más aún, es en este punto donde se da la coherencia entre lo que profesamos y cómo actuamos, haciendo realidad aquella frase del escritor C.S Lewis: “Vive de tal manera que otros quieran conocer a Jesús”.

El aprendizaje mutuo

La amistad es uno de los espacios más propicios para un debate sano y para la reflexión sobre las realidades que rodean la existencia. Es el ámbito apropiado para poder cuestionarnos de una manera constructiva, respetando y aportando a las ideas y visiones del otro. De este modo, ¿por qué no aprovechar para plantearse preguntas en torno a un libro, a una inquietud particular o a un tema desconocido? El período actual en casa donde hacemos uso de los dispositivos electrónicos es una oportunidad única para  dedicar valiosos minutos para ello.

Es así como el planear la realización conjunta de tareas se muestra como una iniciativa ideal para ahondar en el reconocimiento y aprecio del otro como individuo. En primer lugar implica un esfuerzo propio en la donación de tiempo para participar de una labor específica y destinada exclusivamente a la comunicación entre amigos. En segunda instancia, permite el crecimiento intelectual gracias a la retroalimentación del pensamiento y de las opiniones desde las diferentes perspectivas particulares, favoreciendo así el conocimiento integral de la otra persona.

De esta forma es posible mencionar cómo la cuarentena ha motivado el intercambio y la discusión de diferentes contenidos con algunos amigos. Momentos para mirar cursos, conferencias, hacer lecturas de carácter espiritual o formativo e incluso dialogar sobre temas como la familia o la castidad son una excelente manera de aprovechar la amistad. Estas actividades pueden parecer aburridas a primera vista y no ser sinónimo de entretenimiento, pero sí se vuelven sumamente enriquecedoras al propiciar la madurez del vínculo afectivo al conocer y entender mejor la manera de pensar, amar y sentir del otro.

Hora del esparcimiento

Como humanos somos sociales y en nuestro desarrollo es primordial el contacto y el interactuar con los otros, es por esto que aparte de lo relacionado con la espiritualidad y la parte intelectual, también son necesarios los espacios de diversión y ocio. Lastimosamente dichos conceptos se confunden frecuentemente con malgastar el tiempo, la pereza o con el libertinaje recíproco; cuando por el contrario, son un alto en los deberes y obligaciones cotidianas para el descanso y crecimiento personal manifestado, en el caso de los amigos, en pasar tiempo de calidad.

En esta ocasión puede resultar bastante desconcertante hablar de la participación en los mismos lugares y gustos mientras el Coronavirus nos mantiene recluidos en casa. Sin embargo, con el paso de los días se hace evidente la importancia de la presencia del otro y sus manifestaciones de afecto que frecuentemente no supimos valorar. Cuánta falta hace una palabra que conforta, un corazón dispuesto a escuchar, una conversación acompañada por un buen café, una mirada atenta o simplemente una cálida sonrisa. 

Justamente es aquí donde la creatividad debe tomar lugar y movernos a encontrar nuevas maneras de encuentro para mantener la cercanía, la alegría y el intercambio de vivencias. En Sin Medida algunas formas de entretenimiento que han fortalecido la comunidad han sido: concursos de stickers con fotos graciosas del grupo, uno que otro challenge con el objetivo de reirnos y disfrutar sanamente o desde nuestras casas unirnos a zumba virtual. Así mismo son de destacar las oportunidades que ofrece la tecnología para  jugar, reír y contar historias mientras se disfruta un juego de mesa virtual, mientras todos se ríen de una ronda de stop o mientras se comparte un video o película vista en simultáneo. Que el entretenimiento sea una oportunidad de unión, conocimiento y cercanía con los demás. 

Para concluir, es preciso no olvidar que

“El amigo fiel es seguro refugio, el que le encuentra, ha encontrado un tesoro”.

Si 6, 14

Es necesario que con un corazón abierto nos detengamos a meditar quiénes son verdaderamente nuestros amigos y si individualmente somos capaces de significar un tesoro para los demás. No en vano la Biblia habla de un tesoro, puesto que este no se encuentra en todas partes. ¿Buscamos en nuestra relación con los otros un constante crecer o por el contrario damos importancia a actividades vacías y situaciones destructivas? Consecuentemente, ¿somos capaces de dejar nuestro egoísmo y satisfacción individual para poder a ejemplo de Cristo darnos a nuestros amigos y ser un tesoro para ellos?

Que este momento de aislamiento, que ha cuestionado profundamente la manera en que vivimos y cómo nos relacionamos, sea una invitación a fortalecer la unión entre amigos. Que acreciente en nosotros cada vez un deseo más intenso de compartir con ellos y que de la misma manera nos permita purificar el aprecio que les expresamos, para que cuando podamos de nuevo abrazarnos y reunirnos, sea un amor renovado el que se haga presente y a ejemplo de Jesús seamos verdaderamente un don para los demás en la amistad.

Imagen Destacada: Base de datos Sin Medida.

Imagen 1: https://mvcweb.org/dies-domini/bpas05dom/

Imagen 2: http://europeanheroes.eu/activism-friendship-and-brilliant-disagreement/


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