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¿Es razonable el fenómeno del ateísmo?

¿Es razonable el fenómeno del ateísmo?
Escrito por Padre Henry Vargas

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Siempre, a lo largo de la historia, ha habido y habrá personas, de todo tipo de formación, condición y profesión, que nieguen la existencia de Dios. ¿Pero estas personas, a pesar de los argumentos que tengan para convencerse, convencen a los demás? ¿Defienden su ateísmo sin sombra de duda? ¿Sus argumentos están sólidamente fundados?

Hoy en día la gran mayoría de los científicos están de acuerdo en una única cosa: El universo o todo cuanto existe no existió desde siempre, sino que tuvo un principio y tendrá un final. ¿Qué significa esto? Significa que todo cuanto existe, ya sea visible o invisible, ha sido creado.

Hay un consenso sobre que el universo fue creado; y si el universo fue creado su causa creadora es extrínseca o externa. El universo no se dio la existencia así mismo, no se auto creó, ni creó las leyes que lo rigen y lo regulan; menos aun, como algo material que es, va a crear la vida, y sus respectivas leyes.

Recordemos el elemental principio de acción y reacción. ¿Entonces si hay una reacción (la obra de la creación) qué hay antes? Una acción generadora, es decir una causa.

Y ésta causa tiene sus características:

1.- Esta causa que está al origen de todo cuánto existe tuvo necesariamente que quererlo, pensarlo, desearlo; tuvo que tomar la decisión consciente de hacerlo una realidad.

2.-  Esta causa debió ser muy amorosa y cuidadosa, porque creó un entorno y un ambiente favorables para el dinamismo y evolución del universo; así como también para fomentar la vida, su gradual y constante desarrollo, y su prolongación o transmisión.

3.- Esta causa debió de ser supremamente inteligente. Prueba de esto está en los detalles de la obra creada, la asombrosa perfección, sus etapas, la sincronía armoniosa entre los diferentes elementos de dicha obra. Es que todo ha sido hecho de una manera perfectamente asombrosa.

4.- Esta causa debió ser muy poderosa u omnipotente. Prueba de esto lo vemos en la vastedad y gran belleza de la creación entera o del universo. Y dentro de la creación hay realidades microcósmicas como realidades macrocósmicas.

5.- Esta causa es espiritual. Es una causa que existía antes de que existiera lo material; era una causa inmaterial de lo material.

6.- Esta causa es infinita o trascendente porque estaba fuera de la creación que es finita.

7.- Esta causa es eterna. Si esa causa existía antes de que existiera el tiempo en sí mismo debió ser una causa preexistente al tiempo, es decir, eterna; era una causa atemporal. Es una causa que necesariamente está fuera del tiempo. Entonces esta causa fue la que creó el tiempo, lo diseñó, lo inventó; entendiéndose el tiempo cómo lo que sucede entre el transcurrir de eventos.

El universo y todo cuando existe es obra de un creador único, trascendente, espiritual, eterno, bueno, perfecto, poderoso, inteligente. Todas estas características de la causa creadora nos hacen pensar, obviamente, en Dios.

Santo Tomás, a través de sus cinco vías para demostrar la existencia de Dios, partiendo de la obra de la creación, permite intuir las propiedades de Dios: Su unidad, su inmutabilidad, su eternidad e infinidad, su perfección, su simplicidad.

¿Cuáles son estas cinco  vías de Santo Tomás?

1.- La vía del movimiento. El movimiento es algo innegable en la obra de la creación. En dicha creación se verifican cambios. Todo esto exige la existencia de un primer motor inmóvil, porque no es posible pensar en una serie infinita de motores. Tuvo que haber un primer motor que de impulso al movimiento.

2.- La vía de la causa eficiente: Nada es causa eficiente de sí mismo. Nada de lo creado se da el origen a sí mismo. Dios es una causa incausada. No puede surgir nada de la nada.

3.- La vía del ser necesario y de lo contingente. Es un hecho que hay seres que existen pero que podrían perfectamente no existir, son contingentes, y aun así no cambiaria nada; son seres que sin su inexistencia no afectaría en nada al resto de seres. Se puede concluir que existe un ‘ser’ absolutamente necesario, que no puede ser contingente, sin el cual no existirían los demás. Hace falta un ‘ser’ absolutamente necesario que haga que lo contingente exista en vez de no existir.

4.- La vía de la finalidad: Es evidente que la creación tiene un diseño, va en una dirección y tiene una finalidad. En la naturaleza todo está ordenado hacia un fin, todo sigue un orden. Tiene que existir, en consecuencia, un ‘ser’ inteligente que haya pretendido la finalidad a la que debe tender el universo. Hay una inteligencia suprema que todo lo ha encaminado a un fin especifico que solo ella conoce.

5.- La vía de la perfección. Es muy evidente que hay un orden en cuanto a la perfección de los seres. Hay grados de perfección en los seres creados; hay unos seres más perfectos que otros. Y si la perfección de ciertos seres existe pues su creador es aun más perfecto todavía; las criaturas reciben las perfecciones que su creador posee y ha querido para ellas. Los elementos de la creación de alguna manera participan de la perfección del creador. Debe, pues, existir el ‘ser’ que posee toda perfección en grado sumo.

El tema de la creación del universo es un argumento para pensar en la existencia de Dios, pero no es el único argumento. Hay, al menos, otros cuatro argumentos:

1.- La existencia de los milagros: Un milagro es un hecho sorprendente que rompe con las leyes de la naturaleza. Es evidente que sólo aquel que tenga poder absoluto sobre estas leyes puede manipularlas a su arbitrio pues es él mismo su mismo creador. Por tanto, existe un ‘ser’ supremo que tiene ese poder soberano.

2.- La existencia de la ley moral. Existe una ley absoluta, universal, inmutable, que encamina al bien y prohíbe el mal. Dicha ley está inscrita en la conciencia del ser humano. Y si hay una ley, por obvias razones, también hay un legislador. Este legislador, al igual que la ley moral, también es absoluto, universal, inmutable y totalmente bueno. Este legislador es Dios.

3.- La aspiración del ser humano a una perfecta felicidad. El ser humano, con un deseo innato o natural, aspira a la plena y perfecta felicidad. Y dicha felicidad perfecta, verdadera y auténtica, como es obvio, no recae en una realidad inexistente o de imposible adquisición como tampoco en una realidad material. Y la felicidad que busca el corazón del ser humano, como bien lo confirma San Agustín, se encuentra solamente en la posesión de un bien infinito. Y este bien infinito es Dios.

4.- La naturaleza religiosa del género humano. El ser humano tiene visión de trascendencia. Todos los pueblos a lo largo y ancho de la historia han contemplado o aceptado la existencia de un ‘ser’ superior, y han tenido la inquietud de encontrarlo. Y como es imposible que todos los pueblos se equivoquen o se hayan equivocado en esta aspiración religiosa, tan contraria a las pasiones, debemos asegurar que Dios sí existe.

Los argumentos anteriores, pues, nos hace pensar en Dios pero no en un Dios cualquiera, sino en el único Dios vivo y verdadero, el Dios del que nos habla en todas sus páginas la Biblia.

Pero la naturaleza misma de Dios, su intención o proyecto, su relación con la humanidad sólo son conocidos por revelación del mismo Dios en Jesucristo. Jesucristo es el revelador del Padre, es decir, del misterio íntimo de la Santísima Trinidad.

Hay gente que, por prejuicios, resentimientos, falacias, manipulaciones varias, ignorancia, comodidad, facilismo, etc., afirma no creer en Dios, que Dios no existe; hay que gente que, además, afirma que con la muerte se acaba todo y en consecuencia que no hay un más allá ni una eternidad en su doble dimensión.

¿Pero entonces en qué creen los ateos pues en algo han de creer? La gran mayoría de los ateos sí dicen creer, pero creen en lo que no deben, o en lo que no es necesario creer. Creen a lo sumo en que hay alguna fuerza vital o que todo es fruto de energías o que todo tan solo es una energía.

¿Pero si las energías sí existen qué origen han tenido, o quién las creó? ¿Si existe una fuerza vital de dónde viene o cuál es su origen? Pues a la base de todo esto está Dios.

Respondiendo a la pregunta que intitula el artículo, hay que afirmar que el ateísmo no es razonable, no es lógico. Para ser ateos hay que prescindir de la razón, mientras que para ser creyentes en Dios se necesita la verdad, y para encontrarla necesitamos de la razón y de la fe. Pero, claro, creer en Dios implica un estilo de vida en total coherencia según su sabiduría, voluntad y gracia.

P. Henry Vargas Holguín

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