Testimonios

País de palancas: La suerte de alias “Rafico” versus la de alias “Timochenko”

Escrito por Santiago Quijano

La reciente historia de dos degenerados, alias “Rafico” y alias “Timochenco” evidenció nuestra hipocresía social y catastrófico sistema de justicia. El prontuario criminal de “Rafico” y “Timochenco” debería horrorizar – al menos en iguales proporciones- a todos los sectores de la sociedad. La historia del primero es la de un arquitecto de clase media alta que al parecer secuestró, violó y asesinó a una pobre niña. La del segundo es algo más extensa y monstruosa en sus alcances; se trata del líder de un cartel terrorista que explotaba -¿explota?- en forma sistemática  a menores de edad, secuestrándolos, violándolos y asesinándolos en alarmantes números. Claro, las cifras sin rostros no conmueven tanto como la historia individual de una víctima. Pero las victimas de “Timochenco”, como la de “Rafico”, también tienen cara. El periodista Hernández nos recuerda al niño de 13 años reclutado por las FARC que fue degollado por comerse unas lentejas sin permiso.  Otros casos espeluznantes abundan. Columna Saul Hernandez

Sin embargo no hay conglomerados de feministas ni marchas de repudio categórico contra “Timochenko”. A diferencia de la protesta contra “Rafico”, la protesta contra “Timochenko” no resulta políticamente correcta. Protestar contra “Timochenko” es estar en contra de la paz, pero protestar contra “Rafico” es exigir el justo castigo que merecen los criminales más execrables, como si uno y otro no compartieran exactamente la misma condición.

Protestar contra “Timochenko” es estar en contra de la paz, pero protestar contra “Rafico” es exigir el justo castigo que merecen los criminales más execrables, como si uno y otro no compartieran exactamente la misma condición. 

Pero claro que hay diferencias. Alias “Timochenko” es un tipo conectado, con palancas. Alias “Rafico” no, a pesar de los ingentes esfuerzos de la prensa por insinuar lo contrario. Morbosamente, los medios han dibujado a “Rafico” como el hijo protegido del establecimiento colombiano; una amarillista historia de ricos contra pobres, de hombres poderosos contra mujeres débiles, en una palabra, de explotadores contra explotados. Y claro que en la tragedia de Yuliana Samboní existen todos esos componentes, pero si hemos de buscarlos en sus más aterradoras proporciones, la historia de alias “Rafico” es  horrorosa pero marginal comparada con la de “Timochenko”. El jefe de las FARC es el principal promotor de un generalizado y masivo abuso de menores que lleva décadas cobrando victimas en todos los rincones del país. “Timochenko” simboliza, de leguas más que “Rafico”, el abuso de un aparato poderoso sobre los débiles, no solo por que cometió más crímenes, sino y sobre todo por que el establecimiento que a buena hora condenará a “Rafico” en mala hora no lo hará con “Timochenko” quién, él si, es uno de sus hijos mimados.

Porque repito, alias “Timochenko” sí tiene las palancas que no tiene alias “Rafico”. Ser ex alumno del Gimnasio Moderno no da patente de corso para quedar en la impunidad. Sino que lo diga Ernesto Samper, quién se valió de sus amistades del Cartel de Cali, y no del colegio, para avanzar en su carrera política.  Lo que sí garantiza impunidad en Colombia es pertenecer a lo que Gómez Hurtado llamaba “el régimen”, entramado de intereses políticos y económicos a los que “Rafico” no está ni cerca mientras “Timochenko” se encuentra en su almendra.  El degenerado “Rafico” es un blanco fácil, pan comido para el amarillismo periodístico, pero el degenerado “Timochenko” si que está con los poderosos, lo que lo convierte en blanco imposible para una prensa pusilánime y cobarde. Por eso todo el peso de la prensa y de la justicia caerá sobre el degenerado “Rafico” y no tocará al degenerado “Timochenko”. Por eso “Rafico” se pudrirá en la cárcel mientras que “Timochenko” se pensionará de senador. Por eso las protestas contra “Rafico” son justificados clamores por la justicia y las que van contra “Timochenko” confirman el “fanatismo de la extrema derecha”.

Paz en la tumba de Yuliana, y en la de todas las otras víctimas que monstruos como “Rafico” y “Timochenko” han causado en ésta hipócrita Colombia.