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El Liberalismo contra la Iglesia. (segunda parte)

Escrito por Santiago Quijano

Decíamos en la pasada entrega que  a pesar de las condenas del Magisterio Pontificio contra la Democracia Liberal, importantes políticos católicos se entregaron a ella. No asumiendo que obraran con mala fe, los democristianos en Europa y los conservadores en España e Hispanoamérica creyeron que el régimen liberal sería neutro y toleraría a la Iglesia católica con respeto y consideración. No creyeron que el sistema que entonces pregonaba pluralismo y aceptación para todos los credos llegara a exigir, en pocas décadas,  la necesidad de erradicar el cristianismo, tal y como ahora ocurre. En efecto, hemos llegado a un punto en la historia en que ser católico resulta ser ofensivo para la sociedad liberal imperante.

Perdidos tras una sola generación.

La sistemática propagación de los principios liberales ha hecho de la doctrina cristiana un odioso conjunto de “antivalores”. Para casi cualquier persona nacida después de 1984 en Europa o Hispanoamérica, las enseñanzas básicas de la Iglesia son ideas malvadas, intolerantes,  incitadoras del odio y merecedoras de ser proscritas en aras a garantizar una convivencia armónica.

El adoctrinamiento en favor de los principios liberales es patente aún entre los bautizados.  La inmensa mayoría de católicos jóvenes cree en la necesidad de la separación entre la Iglesia y el Estado, en que se debe desligar la moral de la ley, en que la Iglesia católica debe ser ante el Estado igual a cualquier otro culto y que los asuntos religiosos competen al ámbito puramente privado. Ignoran que cada una de tales afirmaciones está condenada por la Iglesia. Como alegres masones, los “católicos” de hoy creen que la libertad, la igualdad y la fraternidad son los pilares básicos de una sociedad feliz. Lo anterior entre la población que aún se autodenomina católica, pues la cada vez mayoritaria población gnóstica o atea reniega de todo lo que enseña la Iglesia, desde el primer hasta el décimo mandamiento.

Los confesos católicos Juan Carlos de Borbon y Adolfo Suarez son los artífices de la actual Democracia Liberal en España.

Los confesos católicos Juan Carlos de Borbon y Adolfo Suarez fueron los artífices de la actual Democracia Liberal en España.

Se debe repetir; es increíble que hayan sido católicos quienes fueron determinantes para la descristianización de sus propias sociedades. Católicos confesos como Konrad Adenauer, Robert Shuman o Juan Carlos de Borbón propiciaron la construcción de los sistemas políticos liberales que hoy se encargan de erradicar el cristianismo. La lección debería ser obvia: el liberalismo no da tregua en su lucha contra la Iglesia, por mas concesiones que la buena fe de los católicos haga en su favor.

Católicos confesos como Konrad Adenauer, Robert Shuman o Juan Carlos de Borbón propiciaron la construcción de los sistemas  liberales que hoy se encargan de erradicar el cristianismo. .

El avance anticristiano del liberalismo ha sido feroz en solo un par de décadas.  Personas que nacieron en gobiernos abiertamente católicos morirán en sistemas políticos confesionalmente anticristianos, para poner ejemplos como Colombia o España. En otros casos menos drásticos, como Francia o México, personas que nacieron en gobiernos relativamente hostiles a la Iglesia pero no a la moral cristiana morirán en sistemas del todo hostiles a la Iglesia y a su moral. El cambio se verificó en una sola generación. Por primera vez desde la Roma pagana, podemos decir que occidente es una sociedad anticristiana gobernada por estados igualmente odiosos al catolicismo.

Los hijos del liberalismo: los ciudadanos del ahora.

El sistema liberal educa a sus ciudadanos bajo la premisa egoísta de “lo único importante es que tú seas feliz”, con la guía de un profesorado anticatólico. Se enseñan saberes técnicos y ningún énfasis en artes clásicas, evitando cualquier contacto con la ortodoxia. Con una visión evolucionista y marxista de la historia, los ciudadanos son adoctrinados para pensar que las revoluciones modernas, desde la Francesa de 1789 hasta la sexual de 1968 han sido “rupturas” contra la “opresión”, y que gracias a todas ellas ahora son más libres que nunca.  Para hacer uso de su sagrada y, tan “heroicamente” conseguida libertad, el ocio se reduce a ver pornografía y procurar recrearla con el mayor número de parejas posible. El único escape a la degeneración sexual lo encuentran viendo fútbol o escuchando canciones que repiten en sus líricas las mismas frases que ya han oído en boca de sus maestros desde el colegio. Los  ídolos de nuestros ciudadanos son deportistas y cantantes que llevan ostensibles vidas escandalosas, entregados al lujo material desenfrenado, para fascinación y envidia de sus seguidores que, anhelan para ellos mismos ese género de vida.

Por primera vez desde la Roma pagana, podemos decir que occidente es una sociedad anticristiana gobernada por estados igualmente odiosos al catolicismo.

La vida espiritual de éstos ciudadanos liberales es una confusa mezcla que abraza el falso ecumenismo como pilar del “todo vale si te hace feliz”. Encuentran que Buda, Mahoma o un profanado Cristo ofrecen caminos  complementarios para lo que ellos llaman, sin entenderlo, la “paz interior”. Invocan el racionalismo para burlarse de cualquier misterio que enseñe la fe católica, pero se abalanzan ante lectores de cartas, tarots, horóscopos y hasta hechicerías  para que les adivinen si fornicarán y tendrán dinero en las cantidades que anhelan.

Tan adoctrinados están los hijos del liberalismo, que consideran un derecho fundamental el que una madre pueda matar a su hijo no nacido pero protestan enérgicos por los derechos de las bebés focas. Con algo tan simple pero demoledor como lo anterior, vemos el grado de aceptación  integral con que los ciudadanos contemporáneos aceptan el código ético de la sociedad liberal.

Si el ciudadano promedio es un liberal mediocremente formado por colegios anticatólicos, el intelectual resulta un decidido enemigo de la Iglesia. En un reciente artículo, el liberal Nicholas D. Kristof reconoció que el pensamiento clásico ortodoxo ha sido expulsado y perseguido de las principales universidades estadounidenses. Después de ofrecer contundentes ejemplos sobre la discriminación contra el cristianismo en la academia contemporánea, Kristof reflexiona asombrado:

ecumenismo

En la sociedad liberal encuentran que Buda, Mahoma o un profanado Cristo ofrecen caminos complementarios para lo que ellos llaman, sin entenderlo, la “paz interior”

“Lo que está en juego no es solo la justicia para conservadores y cristianos (…), sino el hecho de que los progresistas sean fieles a sus propios valores (…)Cuando las perspectivas están mal representadas en las discusiones, cuando algunos tipos de pensadores no están con nosotros en la mesa, las aulas se vuelven cámaras de eco más que tableros de resonancia.” Columna de Kristof en El Espectador.

 

 

Ha llegado la persecución.

Kristof se asombra de que sus correligionarios liberales (él los llama “progresistas”) no sean “fieles a sus propios valores” al discriminar y perseguir el cristianismo. Se equivoca de cabo a rabo; si en algo ha sido coherente y leal el pensamiento liberal ha sido precisamente en su persecución al cristianismo. Un intelectual relativista sabe de sobra que para mantener su régimen heterodoxo puede tolerarse todo menos un sistema absoluto de valores. De tal suerte que si un sistema prevalece es a causa de haber destruido al otro, sin que sea posible la coexistencia de ambos. La persecución contra el cristianismo que el mismo Kristof reconoce que existe en la academia, adquiere dimensiones más preocupantes en la arena política y social.

En Australia, por ejemplo, ya existe un Partido Político cuyo principal enemigo público es la Iglesia católica.  Con publicidad que hace unas décadas habría sido prohibida por ofensiva y blasfema, el “ASXP party” afirma que el Vaticano es una organización perversa mientras ridiculiza imágenes sagradas. Una de las  principales banderas de ese partido es quitarle a la Iglesia el derecho de ofrecer educación católica en sus propios colegios.

El aborto, el divorcio o el matrimonio entre homosexuales ya se han convertido en derechos de los ciudadanos. Tras estos “triunfos”, un sector creciente considera que la sola educación católica es en sí misma un adoctrinamiento perverso que se debe eliminar.  

El caso australiano es interesante pues demuestra el carácter insaciable de la sociedad liberal por perseguir al cristianismo. En Australia asuntos como el aborto, el divorcio o el matrimonio entre homosexuales ya se han convertido en derechos de los ciudadanos. No obstante haber obtenido estos “triunfos”, ahora un sector creciente considera que la sola educación católica es en sí misma un adoctrinamiento perverso que se debe eliminar. Parte de la agenda programática de muchos partidos como el “ASXP party” consiste en penalizar con cárcel a quienes prediquen contra la adopción por parte de parejas del mismo sexo o se opongan a que “transgeneristas” sean profesores, entre muchos otros casos de lo que ahora se denominan  “Hate crimes” o “delitos de odio”. La estrategia consiste en extender los crímenes de discriminación por razones de raza o sexo – que son condiciones objetivas de la persona – a razones de “opción de genero” u “opción de vida” – que, en el mas generoso de los casos, son condiciones subjetivas de la persona, pero no objetivas.  La síntesis inevitable de tal razonamiento es que la predicación del Evangelio también será considerada como un “acto de odio”, lo que pondrá en aprietos a todo el que se tome en serio aquello de “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

La predicación del Evangelio también será considerada como un “acto de odio”, lo que pondrá en aprietos a todo el que se tome en serio aquello de “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura

Las persecuciones ya se ven. En 2014 una pareja católica fue multada por negarse a alquilar su casa para el matrimonio de una pareja de lesbianas. www.lifesitenews.com. En marzo de este año un conserje de la Catedral de Omaha, Estados Unidos, fue puesto en prisión por retirar de la catedral un maniquí que la profanaba. www.churchmilitant.com. Los casos abundan, y aunque aún no son masivos, la andanada se espera cuando la nueva teoría del “Hate crime” entre en vigor en las principales legislaciones occidentales.

En España partidos como el “PSOE” o “Podemos” nunca han ocultado su agenda anticristiana, que cada vez se torna más agresiva. Entre las prácticas de “Podemos”, la destrucción de capillas católicas les resulta una saludable forma de protesta contra la “opresora” Iglesia Católica. Una de sus más connotadas líderes, Rita Maestre – vocera del gobierno de Madrid- protagonizó en marzo del 2011 la profanación violenta de la Capilla de la Universidad Complutense de Madrid.Rita Maestre asalta capilla. Diario ABC.

El odio contra la Iglesia se hace patente en las universidades publicas españolas. (Foto del diario ABC).

El odio contra la Iglesia se hace patente en las universidades publicas españolas. (Foto del diario ABC).

Como obvio corolario, se ha registrado un alarmante incremento de sectas satánicas que, amparadas en la muy liberal “libertad religiosa” aterrorizan comunidades católicas enteras en Estados Unidos e Hispanoamérica, al amparo de las autoridades que no pueden intervenir pues protegen la “libertad de cultos”. El reciente y más aberrante caso se registró en enero de éste año en Colombia, departamento de Quindío.polemica-quindio-templo-construido-adorar-lucifer-articulo-611949

La sociedad liberal ha coronado en la cima de su ética valores profundamente anticristianos como el asesinato masivo de niños – considerado un derecho de la mujer- la desnaturalización de la familia tradicional, la proliferación de agresivos movimientos anticristianos, entre otra infinidad de “triunfos” que socaban el catolicismo. La sociedad liberal se torna con el paso de los días – ya no de los años- en un ambiente hostil y perseguidor para la Iglesia católica, que ahora es vista como intrusa incómoda en donde antes era considerada madre y maestra.  La evidencia muestra que la hostilidad tiende a apeorar y que las persecuciones vendrán más pronto que tarde. ¿Cuál es la estrategia de la Iglesia para sobrevivir? ¿Es hora de que los católicos corten con su obvia enemiga, la Democracia Liberal?

¿Cuál es la alternativa?