Testimonios

El angelito del basurero

Escrito por Yudy Giraldo

 

Muchas personas hoy en día tienen grandes anhelos de formar una familia, tener hijos sin embargo cuando no lo pueden hacer, por los muchos obstáculos, deciden enfrentarse al proceso de adopción. A pesar de que hay millones de bebés y niños abandonados en el mundo, cifra que asciende exponencialmente día tras día, el proceso resulta ser complicado, prolongado y sobretodo extenuante. Por otro lado, otros de estos angelicales seres no han tenido la oportunidad de vivir ya que se les ha negado uno de los derechos fundamentales de primera generación: la vida o más bien el derecho a nacer.

Este es el caso de una mujer chilena, Bernarda Gallardo, quien hace más de una década quedó horrorizada cuando en el periódico local que estaba leyendo vio el titular: “Asesinan y botan guagua al basural”; se trataba de una bebé que habían abandonado en el basurero de Puerto Montt, ciudad ubicada al sur de Chile. Bernarda, quien en ese momento se encontraba en proceso de adoptar un bebé, quedó impactada con el reporte pues esté bebé podría haber llegado a sus manos por medio de la adopción y haber recibido el amor que quería darle. Animada por su fuerte idea de que todos los bebés merecen una despedida apropiada y teniendo en cuenta que en Chile, si un cuerpo no es reclamado por la familia, es desechado; actuó rápidamente y solicitó la niña al juez a cargo, convirtiéndose así en la primera y única chilena en reclamar la adopción de una “guagua” (bebé) encontrada muerta, para darle cristiana sepultura.

Su instinto maternal, no necesitaba una razón del por qué sentirse responsable de realizar este acto de misericordia, simplemente “porque es un ser humano, como usted o yo, y no puede quedar en la basura”, afirma. Semana tras semana asistía al juzgado con la esperanza de que le dieran el aval para enterrar a aquel bebé. Seis meses más tarde, luego de 25 visitas al juzgado, obtuvo lo que deseaba.

Finalmente el 24 de octubre del año 2003, Aurora, como decidió llamar a la niña, estaba siendo trasladada al cementerio para darle descanso a su frágil cuerpecito, que había pasado más de seis meses en un congelador y ya comenzaba a desintegrarse. Habían llegado más de 300 personas al funeral y en medio de un gran silencio Bernarda sacó un papel del bolsillo y comenzó a leer: “Naciste para ser abandonada en un contenedor de basura –eso duele y mucho–, pero también para dejar grabado en nuestros corazones tu recuerdo de hija de esta ciudad, ciudad que en tu nombre y por tu amor se compromete a acoger a cada vida nueva que en ella se geste”.

Con aquella promesa, se abrieron las puertas a nuevos casos como el de Manuel. Su autopsia determinó que había muerto asfixiado en la bolsa negra donde lo encontraron los recolectores del basurero. Estaba en el mismo lugar donde había aparecido Aurora y Bernarda, con el mismo impulso de la primera vez, también le dio sepultura.  Días después se enteró que el pequeño pesó tres kilos, midió 49 centímetros y lloró con desesperación antes de morir asfixiado en una bolsa de basura. “Nunca supe cuánto sufrió Aurora, pero con Manuel tuve certeza. Su muerte fue cruel e inhumana” asegura. Este informe de la autopsia la sacudió, nunca se había sentido de esa manera. Su mundo parecía tan horripilante, desastroso y sobretodo cruel. Una pregunta daba vueltas en su cabeza ¿Por qué? El dolor era tan agudo, como el de madre que ha parido a su niño y le ha perdido. No había palabras suficientes para describirlo.

Comenzó a poner carteles en los contenedores de basura, los mismos donde habían tirado a Aurora y a Manuel, que decían: “ya van 2 guaguas en 6 meses” y “no botar guaguas a la basura”. Así es como esta  socióloga y economista adopta oficialmente a los bebés abandonados que son encontrados muertos para poder hacerles sus funerales, dignos de cualquier ser humano.

“Uno no se demora nada en tirar los problemas a la basura, pero derribar las causas de los problemas te puede llevar toda la vida. Sin embargo, es lo único que vale. Eso es lo que te da tranquilidad, lo que te da fuerzas, eso es lo que te llena de satisfacción al final del día. Afirma Bernarda.

Ahora Bernarda ha logrado involucrar cada día más personas, que hay más gente preocupada en serio del tema. “Espero que no haya más, pero si llegan, tengo que sepultarlos”, dice Bernarda. “No puedo dejarlos solos”.

 

 

 

Fuentes: Notagram; Paula.cl