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“Necesitamos católicos sin vergüenzas”: Alejandro Ordóñez

Escrito por Alexandra Serna

Foto tomada de Elpaís.com.co / Colprensa

 

Se podría afirmar que el Procurador saliente es la voz de lo políticamente incorrecto en la palestra pública, donde, según sus palabras, se ha instaurado una “ortodoxia oficial” que desconoce el fundamento de la vida y la naturaleza del matrimonio y la familia. Mientras se acerca su salida del cargo por la sentencia del Consejo de Estado que anuló su reelección el 7 de septiembre, Ordóñez sigue “tocando callos”, en esta ocasión en relación con la actitud de los católicos en la vida pública. Segunda entrega de la entrevista que el máximo jefe del Ministerio Público le concedió a Razón + Fe.

 

R+F: Durante los casi 8 años en su cargo, usted recibió fuertes ataques personales por una parte de la élite intelectual del país, en gran medida por su fe, pero también grandes muestras de solidaridad de la gente más sencilla. ¿Es reaccionario ser católico hoy en Colombia?

AO: le voy a responder con la frase de un pensador y periodista francés del siglo pasado, en este momento se me olvida el nombre, para que el lector reflexione: “ser reaccionario es estar vivo, los seres que no reaccionan son los que están muertos”[Georges Bernanos,La libertad, ¿para qué?”. Nota del Editor]”. El reaccionario es aquel que defiende. Y la respuesta es “sí”, siempre y cuando entendamos el ser reaccionario no como algo peyorativo, sino como una necesidad social. Incluso los que tienen el cartabón de lo políticamente correcto nos hacen creer que muchas de las cosas positivas son contrarias y adversas al desarrollo, y que nos debemos liberar. Y no, eso es una debilidad que tenemos los católicos: nos dejamos imponer estereotipos, y al dejarnos imponer estereotipos terminamos muchas veces avergonzándonos de ser lo que somos, y lo que requiere el mundo moderno -voy a decir una afirmación políticamente incorrecta- es que hayamos muchos católicos sin vergüenzas.

al dejarnos imponer estereotipos terminamos muchas veces avergonzándonos de ser lo que somos
El drama nuestro es que creemos que está bien ser incoherentes, y hacemos un divorcio entre la vida pública y la vida privada. En la vida pública no tenemos criterio ni formación católica, entonces terminamos asumiendo posturas que son contrarias a nuestros principios, a lo que se suma una especie de sectarismo laicista en el cual casi que se le exige al ciudadano que tiene fe que sea esquizofrénico, porque le dice: “usted puede pensar de una forma y se le protege ese pensamiento, pero debe actuar de manera diferente a lo que piensa. ¡Y cuidado actúa coherentemente con lo que piensa!”.

R+F: ¿Entonces cuando habla de ser “católicos sin vergüenzas” hace un llamado a la coherencia?

AO: exactamente, que tu “sí” sea un “sí” y tu “no” sea un “no”.

R+F: A propósito de su fe, ¿cuáles han sido sus diálogos con Dios en estos últimos días?

AO: de entrega. Inicialmente hablábamos de la indiferencia ignaciana, pero voy un poco más allá: si no hubiera sido por la oración, la frecuentación de los sacramentos y el santo rosario difícilmente hubiera podido resistir. Desde luego que uno debe abandonarse en las Manos de Dios, se dice fácilmente, pero uno muchas veces quiere que la Voluntad de Dios sea mi voluntad, que Él sea mi instrumento, no a la inversa. También le pedí mucho al Espíritu Santo que me aclarara el entendimiento y me fortaleciera la voluntad, porque muchas veces hago lo que no quiero, como dice San Pablo.

Un laicismo radical

R+F: ¿En el futuro ve posible un consenso pacífico en el país alrededor de temas éticos como la vida y la familia?

AO: cierto pensamiento políticamente correcto no reconoce la existencia de un orden natural, y si no se reconoce, los derechos y las instituciones no tienen

si no hubiera sido por la oración, la frecuentación de los sacramentos y el santo rosario difícilmente hubiera podido resistir
referente ni fundamento diferente a los consensos o las construcciones de una ideología, que hoy es un dogma: la ideología de género. Según esto, en la vida no hay una realidad, ni la familia tiene una naturaleza, sino que es lo que yo quiera. ¿Cuál consenso puede haber en torno a ello?

R+F: ¿Qué hacer? No podemos perder la esperanza…

AO: nos corresponde dar testimonio, porque estamos en un momento en el cual el mismo Estado considera que puede construir ética, fundada por los valores consignados en la Constitución y bajo el magisterio de las sentencias de la Corte Constitucional. Hay un consenso, pero dentro de esta ortodoxia, por la cual el Estado sí puede meterse en la vida privada. Hay un futuro que no es muy fácil de prever, pero nosotros sí sabemos qué hacer, tenemos el horizonte claro, porque sabemos que Cristo es el camino, la verdad y la vida, y eso no lo podemos consensuar. Respetamos y toleramos a los otros, y en la medida que tenemos identidad, nos permite convivir en una común unidad y propender por el bien común, sin olvidar el escenario en el que estamos. Lo primero que debemos hacer es aceptar una realidad, vivimos en una época poscristiana, en un Estado que practica un laicismo militante y que tiene como política pública no permitir que se construya una vida fundada en principios religiosos.

R+F: A propósito, el Consejo de Estado acaba de suspender la realización de los Te Deum de las fiestas del 20 de julio, una tradición de varios países latinoamericanos como Chile, donde el gobierno de Bachelet -siendo de izquierda- celebró su bicentenario con dos Te Deum, uno católico y otro evangélico. ¿Hay un ataque sistemático, incluso una guerra, contra la religión que estamos perdiendo los creyentes en Colombia?

AO: no lo dude, es así. Aquí hay un laicismo militante, radical y libertario, que considera que cualquier manifestación religiosa en lo público y en lo privado es políticamente incorrecta, incluso ya están diseñados instrumentos jurídicos que pretenden judicializar a quienes pretendan transmitir a las generaciones futuras los valores y principios religiosos.

ya están diseñados instrumentos jurídicos que pretenden judicializar a quienes pretendan transmitir a las generaciones futuras los valores y principios religiosos.
¿O qué es el esfuerzo del Gobierno por imponer la ideología de género?, ¿o muchas de las normas que están consignadas en la ley antidiscriminación? Muchas veces uno desconoce esta realidad, que es dramática.

R+F: Hoy muchas veces los católicos no nos ponemos de acuerdo en temas morales; hay diferencias doctrinales entre cardenales, obispos y creyentes alrededor de lo que unos llaman la agenda social frente a otros que defienden los principios éticos irrenunciables, y en Colombia, unos a favor del plebiscito y otros radicalmente en contra. ¿Cómo buscar la unidad entre los católicos en nuestro país?

AO: no es un problema de los católicos del país, eso desborda los límites parroquiales. Se sanará, pero no de manera inmediata. A los creyentes nos corresponde la oración, y ¿qué más?: la oración. En la vida pública nos toca acudir a la OEA: la oración, el estudio y la acción. Muchas veces nos quedamos en la piedad, que es necesaria, pero no basta. La oración y la vida de sacramentos, ¡por supuesto!, como primer punto, pero también lo otro. Si no, terminamos repitiendo lo que dicen los medios de comunicación, Naciones Unidas y creemos que cumplimos con ir los domingos a misa, para ponernos al otro día el traje de lo políticamente correcto. En la vida pública debemos antes desafiar lo políticamente correcto.

 

Con esperanza

R+F: ¿Le ve futuro al referendo de la senadora Viviane Morales que cursa en el Congreso para que los colombianos decidamos que la adopción sea exclusiva por parejas de hombre y mujer?

AO: Dios quiera que sí. Me he reunido con ella, la he apoyado, tengo todo el entusiasmo para que llegue hasta el final. Desde luego, teniendo en cuenta los trámites institucionales en el Congreso y después en la Corte Constitucional, pero creo que pasará sin ningún problema en la plenaria del Senado. Ojalá eso tenga buen resultado. Debemos saber que la vida, la familia, el matrimonio, su naturaleza y sus derechos no dependen de la Constitución, sino que esta debe reconocer esa realidad natural.

R+F: ¿Considera que iniciativas como 40 Días por la Vida sí serán el principio del fin del aborto en Colombia?

AO: Por supuesto que sí. Primero el Reino de Dios y su justicia, que lo demás vendrá por añadidura. Una de las críticas que siempre les he hecho a los movimientos provida, cariñosamente, es que dan las batallas por la añadidura y no por el fundamento, que es el Reino de Dios y su justicia, porque muchas veces luchamos contra el aborto, la legalización de las drogas, el dicho “matrimonio homosexual”, la adopción por parejas del mismo sexo, con magníficos argumentos, sólidos, acudiendo a normas constitucionales, al pacto de San José, pero es insuficiente, porque esa es la añadidura. Debemos fundar todo esto en la oración.

En la vida pública nos toca acudir a la OEA: la oración, el estudio y la acción.
Si bien el aborto es un atentado contra un derecho humano, fundamentalmente es desconocer la ley de Dios, que hay un orden natural creado por Él. Por eso me parecen muy bien este tipo de iniciativas, porque era lo que les faltaba a los grupos provida: acudir a la oración, pues reconocemos públicamente que Dios es el fundamento de la vida, y no nos debemos deprimir porque nos derroten, porque la victoria es una gracia que Él nos da. Somos guerreros y en el juicio particular nos preguntarán no por las victorias obtenidas, sino por las heridas adquiridas en el campo de batalla.

 

Lea la primera parte de la entrevista (sobre su salida y los Acuerdos de La Habana):

Las razones y convicciones del Procurador Ordóñez