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¿Creando puentes o confusión? A propósito del foro LGBTI en la U. Javeriana

Escrito por Redacción R+F

¿Es posible ofrecer una respuesta pastoral al movimiento o comunidad LGBTI, sin sacrificar las enseñanzas de la fe católica? La respuesta es sí, por supuesto que sí. Aunque al analizar las posiciones de los panelistas convocados por la ONG Sentiido y realizado este martes 24 de octubre en la Universidad Javeriana en el Foro “Creando puentes entre diversidad sexual y religión”, parecería que ya nadie tiene certeza sobre qué es lo que enseña la Iglesia Católica sobre la homosexualidad.

Como escribió recientemente en el Wall Street Journal el Cardenal Robert Sarah, Prefecto para la Congregación para el Culto Divino, “amar a alguien como Cristo lo ama significa amar a esa persona en la verdad. ´Para esto he venido al mundo´, dijo Jesús a Poncio Pilato, ´para dar testimonio de la verdad´. El Catecismo de la Iglesia Católica refleja este énfasis en la honestidad, estableciendo que el mensaje de la Iglesia al mundo ´revela con claridad el gozo y las exigencias de seguir el camino de Cristo’”.

Vivir la virtud de la castidad puede parecer imposible para la mentalidad del mundo contemporáneo, pero esa exigencia -y a la vez oportunidad de amar plenamente- es una parte integral del mensaje cristiano, y para todos los solteros, independientemente de sus inclinaciones sexuales, dicha virtud implica abstenerse de relaciones sexuales.

La verdad que libera

Como lo explica con claridad el Cardenal Sarah, sería contrario a la sabiduría y al amor de Dios exigir algo imposible de cumplir. Si Jesús nos llama a vivir esta virtud es porque nuestros corazones fueron hechos para la pureza, así como nuestras mentes fueron hechas para conocer la verdad. Con la Gracia de Dios y nuestra perseverancia, vivir la castidad no solo es posible, sino que se convierte en una fuente de verdadera libertad.

Y que lo diga el joven de 20 años que compartió su historia personal con el portal Catholic Link, que la publicó bajo el título “Soy católico y homosexual. Un testimonio auténtico de un camino posible”: “la propuesta de la cultura gay promete mucha felicidad; sin embargo, al estar tan alejada de la verdad no puede brindar más que sentimientos pasajeros. Estoy convencido que alguien con AMS (atracción por personas del mismo sexo) que vive de acuerdo a la verdad está más tranquilo y feliz que alguien que ha decidido vivir de acuerdo a la cultura gay”. 

Esta es la verdad con amor que las personas que se identifican como LGBTI merecen de sus pastores, en especial de aquellos que asumen una vocería pública frente a la Iglesia católica.

Una parte clave de la Enseñanza de la Iglesia en materia de homosexualidad consiste en distinguir entre las identidades, las inclinaciones y las conductas de sus fieles. Las personas en sí mismas siempre son buenas por ser hijos de Dios. Por otro lado, las inclinaciones hacia el mismo sexo no son pecado si no son consentidas ni ejecutadas, a pesar de que sean contrarias a la naturaleza humana. Finalmente están las relaciones homosexuales, que son gravemente pecaminosas y dañinas para el bienestar de las personas que se involucran en ellas, porque no corresponden a la natural complementariedad que requiere un hombre de una mujer y viceversa, así como tampoco es posible que sea un acto abierto a una nueva vida.

Esta es la verdad con amor que las personas que se identifican como LGBTI merecen de sus pastores, en especial de aquellos que asumen una vocería pública frente a la Iglesia católica.

Palabras que confunden

Estos no fueron, sin embargo, el tipo de mensajes que precisamente escucharon los asistentes al foro respaldado también por la Fundación Open Society, del magnate George Soros.

En la apertura del evento, el Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana citó unas frases del Papa Francisco dirigidas a un congreso de personas con discapacidad, poniéndolas en el contexto de la homosexualidad para dar la impresión de que el Papa considera este tipo de conducta sexual como un “valor” que debe ser “respetado”.

Luego, los panelistas insistieron en presentar la virtud de la virginidad como una “forma de violencia de género”, promovida por el ideal “mariano” que ha sido “impuesto” por la religión, además de mencionar constantemente la marcha del 10 de agosto de 2016 (cuando más de un millón de padres de familia salieron a marchar en todo el país para exigirle al Estado el respeto por su derecho como los primeros educadores de los hijos), caricaturizando a los organizadores como “grupos fundamentalistas” y “antiderechos”.

“…no nos vamos a cansar hasta lograr que haya mujeres sacerdotisas, que haya una ‘Mama’ en vez de un Papa, y sobre todo que la Iglesia no se meta en nuestro cuerpo”.
Sandra Mazo, la directora de la organización abortista “Católicas por el derecho a decidir”, propuso “reescribir la Biblia” con el fin de promover “unos nuevos lenguajes y unas nuevas espiritualidades, otros ejercicios que nos acerquen más a Dios”, dejando claro que la misión de su organización es “mostrar que otra religión sí es posible” y que quieren demostrar la “capacidad de disentir de cosas que no son chéveres, que no son agradables en nuestra religión”.

“…no nos vamos a rendir y no nos vamos a cansar hasta lograr que haya mujeres sacerdotisas, que haya una ‘Mama’ en vez de un Papa, que las mujeres podamos decidir con libertad y sobre todo que la Iglesia no se meta en nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo es nuestro sagrario, nuestro lugar más íntimo, nuestro lugar más puro y más significativo como seres humanos. Y si es una religión que oprime, una religión que invisibiliza mi cuerpo y mi ser mujer, pues yo quiero sacar eso de la religión. Y quiero seguir viviendo mi religiosidad, o sea, quiero seguir siendo católica sin la opresión de la jerarquía católica, quiero vivir la Palabra de Jesús sin los intermediarios que me están condenando todo el tiempo, quiero a Jesús, quiero a Dios, sin sacerdotes que me condenen, me castiguen y me acomoden lo que no dice en ninguna parte. Y lo digo con mucha pasión: la religión para nosotras ha sido la inspiración para luchar por la libertad y la autonomía de las mujeres”, concluyó la panelista.

Si no fuera porque el Decano de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana advirtió oportunamente que se escucharían “distintas voces autorizadas”, como Mazo, que podían “iluminarnos para formar nuestro pensamiento”, cualquiera podría haber pensado que su intervención fue más bien un arrebato fundado en opiniones contra la Iglesia Católica, que sería mejor ignorar.

Si ella y los demás panelistas pudieran abrir sus mentes y corazones a la refrescante e iluminadora visión de la Iglesia sobre la sexualidad humana a través de la llamada “Teología del Cuerpo”, promovida particularmente por el poeta, filósofo y pontífice San Juan Pablo II, con frases tan sencillas y racionales como que “el hombre y la mujer han sido hechos el uno para el otro”, se podrían tender, ahí sí, efectivos puentes de diálogo entre la fe católica y la comunidad LGBTI. En efecto, el Papa viajero, patrono de las familias, definió bellamente la virtud de la castidad en la exhortación Familiaris Consortio: “no significa absolutamente rechazo ni menosprecio de la sexualidad humana: significa más bien energía espiritual que sabe defender el amor de los peligros del egoísmo y de la agresividad, y sabe promoverlo hacia su realización plena”. Y a esta realización plena del amor estamos llamados todos, al margen de la inclinación sexual.