Fe Vida

Aquel que nace en un pesebre clama hoy en cada inocente en riesgo de ser abortado

Escrito por Invitado

*Por: Luisa Fernanda Barriga Franco, Profesional en Estudios Literarios y católica provida.

 “A veces pensamos que la misión es irnos lejos, cuando la misión está al lado de nosotros”. Padre Wilber Acosta

“Si estás en el movimiento provida, en algún momento te has sentido solo”. Sí, quienes hemos tenido la responsabilidad de organizar alguna iniciativa en favor de la vida hemos experimentado esta realidad expresada por Shawn Carney, presidente y cofundador de 40 Días por la Vida. Cuando el mundo invierte la escala de valores y por doquier se promulgan leyes y se dan orientaciones que promueven lo que San Juan Pablo II llamara “la cultura de la muerte”, ser provida es tomar el riesgo de ir contracorriente y por ello se convierte en una labor a menudo solitaria.

Hemos llegado a sentirnos como Jesús en el Huerto de Getsemaní, o al menos como San Juan Bautista, “una voz que grita en el desierto”. No obstante, completa Carney su afirmación: “pero nada podría estar más lejos de la verdad. No estamos solos. Así esté haciendo sol, lloviendo o nevando, no estás solo; hay otros en el mundo que están haciendo lo mismo que tú y Nuestro Señor está siempre allí contigo”. Fue este precisamente uno de los mensajes centrales del Primer Congreso por la Vida, celebrado en Bogotá en noviembre pasado: somos una gran familia que lucha unida y lo que nos une es la alegría del Evangelio. En palabras de los líderes allí reunidos, “la alegría es la fuente del movimiento provida”.

El Congreso reunió a coordinadores de las campañas de 40 Días por la Vida de las diferentes regiones de Colombia y contó con la presencia de Pamela Delgado, líder nacional del mismo movimiento; Lourdes Varela, líder de la campaña en México; Katharine O’Brien, directora de Alcance Hispano y Juvenil de 40 Days for Life, y Shawn Carney, presidente de la misma organización, entre otros. Fue una oportunidad única para compartir experiencias y para reavivar nuestro compromiso con la defensa de la vida, así como para reafirmar que este compromiso, si bien puede ser asumido desde lo meramente humano por cualquier persona, es imposible de ignorar para aquel que haya decidido tomar el Evangelio como forma de vida.

Al finalizar el Adviento, hemos preparado nuestro corazón para el nacimiento de Nuestro Salvador. A continuación tomaremos algunos apartes de este Primer Congreso por la Vida, para mostrar su congruencia con esta preparación, lo que da fe de que en el corazón de lo que es 40 Días por la Vida se halla también la esencia de lo que es ser cristiano.

La voz que grita en el desierto

El domingo pasado llevaba el nombre de Gaudete, el domingo de la alegría, pues la liturgia nos hablaba precisamente de esto, “Estén siempre alegres, oren sin cesar (…). Esto es lo que quiere Dios de ustedes, en Cristo Jesús. No extingan el fuego del Espíritu, y no desprecien el don de profecía” (1 Ts 5, 16-20). Nos presentaba también la figura de San Juan Bautista, quien en respuesta a este mismo don se presenta como “la voz que grita en el desierto”. Aparte de la soledad ya mencionada, que está implícita tanto en la idea del desierto como en la labor del profeta, hoy el movimiento provida es esa voz que grita por los que no tienen voz, en medio de diferentes desiertos. El primero es el desierto en la sociedad.

“Hoy nuestro enemigo está dentro de nuestra propia cultura y este enemigo es el relativismo moral, y una vida sin Dios que dice que uno puede hacer lo que quiera, a quien uno quiera, por cualquier motivo que uno quiera. Es una mentalidad muy peligrosa que siempre conduce a la destrucción de vida humana inocente” (Shawn Carney). Esta dictadura del relativismo, de la que Carney habló en el Congreso –haciendo alusión al Papa Benedicto XVI- , marca el carácter desértico de nuestra sociedad, en la que no hay espacio para la vida, como lo indican 42 millones de abortos al año en el mundo entero, cometidos con la aquiescencia –de carácter conminatorio- de los organismos internacionales que bajo ese mismo relativismo buscan darles estatus de derecho. Pero, como lo señaló Katharine O’Brien, “el aborto no es atención médica; es un negocio que vende no salud, sino conveniencia”. Es por eso que se necesitan personas llenas del fuego del Espíritu Santo, que estén dispuestas a orar y trabajar sin cesar, hablando claro y siendo testigos de la luz, para que no haya más víctimas de este negocio.

“La industria del aborto, y Profamilia aquí en Colombia, no van a hablar de lo que un aborto realmente es. Siempre utilizan un lenguaje que es muy vago y que distrae. Los medios nos distraen de la realidad del aborto, nuestra cultura nos distrae de la realidad del aborto, pero no se puede distraer la ley natural y el impacto que el aborto tiene en las mujeres, y el impacto que tiene en los trabajadores que están participando en esto” (Carney). He aquí un segundo desierto: el que está en el corazón del otro. Quienes hemos hecho parte de las vigilias de 40 Días por la Vida hemos tenido la oportunidad de encontrarnos de frente con estas realidades. Sabemos bien que el aborto no solo acaba con vidas humanas inocentes, sino que además destruye –y principalmente- a la mujer, a la familia y a todo aquel que participa en este acto atroz. Los que oramos fuera de las clínicas y entidades donde se promueve y se practica no estamos allí para juzgarles, sino para calmar esa sed que hay en el desierto de sus corazones, que en el fondo es sed de Verdad y Vida; es decir, es sed de Dios. “No somos un movimiento de cristianos moralistas tratando de decirle a todos los demás cómo vivir. Es todo lo contrario, somos un movimiento que a menudo ha sido liderado por mujeres que han tenido abortos, o enfermeras que han aconsejado un aborto, o médicos que han practicado abortos (…). El movimiento provida es un movimiento de conversos y por ende es un movimiento de esperanza, y nuestra esperanza está unida a la Cruz”.

Un tercer desierto que enfrenta el profeta de la vida es el desierto en su corazón. Con algo de humor, Carney también dijo: “si no te has sentido desmotivado, no eres normal”. Son impactantes los resultados en los más de diez años de existencia de 40 Días por la Vida en el mundo: presencia en 375 ciudades, en 24 países; 45 campañas en dos años en toda América Latina, con el mayor número de ellas en Colombia; 171 trabajadores de la industria del aborto que se han convertido y han dejado sus trabajos; 13.998 bebés que han sido salvados del aborto. A pesar de esto, cada uno ha experimentado la desolación (y la desmotivación como tentación en el desierto) cuando ve que “la mies es mucha y los obreros pocos”, o cuando quizás los asombrosos resultados no se ven reflejados en alguna vigilia particular. Es ahí donde hay que mantener la fe viva, pues “cuando participas en 40 Días por la Vida, incluso si nunca ves a un bebé rescatado o si nunca logras la conversión de un trabajador, tienes garantizado algo y es que cuando estás allí afuera rezando, estás allí en solidaridad con los bebés mientras pierden sus vidas. Ellos no están solos gracias a ti, y tú no estás solo cuando participas en 40 Días por la Vida. No siempre vemos los frutos, pero cuando lo hacemos, es confirmación del Amor de Dios”.

Shawn Carney, presidente y cofundador de 40 Días por la Vida.

Shawn Carney, presidente y cofundador de 40 Días por la Vida.

Jesús busca posada

En estos días previos a la Navidad, hemos recordado en medio de la alegría las penurias que tuvo que pasar la familia de Nazaret para encontrar una posada para su hijo. Son muchos los que hoy continúan cerrándole la puerta a Jesús en la cara, a Jesús presente en cada niño por nacer, en cada mujer en situación de crisis y sí, en cada voluntario que invita a orar. Como en la parábola del buen samaritano, muchos pasan de largo, manteniéndose indiferentes frente a la cruda realidad del aborto; no desean involucrarse, no piensan que tenga que ver con ellos. El voluntario provida se conmueve con el dolor de sus hermanos más pequeños (Mt. 25, 40) y abre el pesebre de su corazón, para allí, en medio de su pequeñez, dar posada a Jesús que está en cada uno de ellos.

“Esto no es lo más fácil de hacer, pero tampoco es una pérdida de tiempo. Es una hermosa forma de responder a esa importante pregunta con la que el Papa San Juan Pablo II abre su encíclica El evangelio de la Vida: “¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?” (…). Dios nos puso en este momento de la historia (…), es una misión que nos ha sido dada, es una oportunidad para evangelizar las partes más oscuras de nuestra cultura, y de hacerlo con alegría”. Como lo manifiesta Carney, llevar a cabo una campaña de 40 Días por la Vida no es fácil; son 12 o 24 horas de oración al día durante cuarenta días, expuestos a las inclemencias del tiempo y de los posibles transeúntes hostiles o indiferentes. No es fácil, pero al ver a las madres que dijeron sí a la vida, felices con sus hijos en brazos, como lo hicimos en el Primer Congreso por la Vida, sabemos que todo el esfuerzo vale la pena. “Este es el poder de la presencia, de estar físicamente allí afuera orando, sí, por los bebés, y sí, por las mujeres, y también por esos que trabajan en las clínicas donde se practica el aborto”. Aunque ninguna oración por esta causa será en vano, no basta con rezar cómodamente desde casa. Se necesitan buenos samaritanos que digan <<Esto es conmigo, ellos son mi prójimo, ellos son mis hermanos>>. Se requieren pastores capaces de estar presentes, de contemplar la grandeza de la vida naciente y de contar con alegría lo que han visto y oído (Lc. 2, 20).

María en el pesebre y María al pie de la Cruz

Los miembros del movimiento provida oscilamos en ocasiones entre la esperanza y la impotencia. Sentimos renacer la esperanza cuando una madre, a ejemplo de la Santísima Virgen María, dice sí a la vida. Como en Adviento, esperamos anhelantes la llegada de ese bebé; es como contemplar a María en el pesebre. Sin embargo, a veces debemos pasar por el dolor de que a pesar de nuestros esfuerzos, muchas vidas se pierden; es allí cuando surge la impotencia. Frente a esta realidad, Lourdes Varela, líder nacional de 40 Días por la Vida en México nos compartió la bellísima respuesta que le dio un sacerdote en la campaña pasada: “al estar fuera del abortorio es como cuando María estaba frente a la Cruz viendo cómo moría su Hijo. No puedes hacer nada (…). Y eso es lo que nosotros hacemos (…), simplemente nosotros estamos ahí, estamos acompañando a María en la Pasión de su Hijo, sabiendo que todos esos bebés probablemente no se salven, pero nosotros estaremos ahí para no dejarlos morir solos, para que nuestras oraciones los acompañen”.

El trabajo más importante del mundo

Al recordar las palabras de los líderes que asistieron al Primer Congreso por la Vida y pensarlas en clave de Adviento, sabemos que hoy más que nunca estamos llamados a ser esa voz profética de Juan Bautista que grita en el desierto, a ser el buen samaritano que no pasa de largo y se compromete con el dolor de sus hermanos más vulnerables, a ser María que acoge la Vida y que permanece fiel al pie de la Cruz; hoy más que nunca estamos llamados a vivir a cabalidad el Evangelio, dando testimonio con nuestra presencia, nuestra oración y nuestra acción de Aquel que nació en un pesebre y hoy clama en cada inocente en riesgo de morir en el vientre de su madre.

40 Días por la Vida no es un apostolado más; es una oportunidad para recordar lo que somos como cristianos y para dar razón de nuestra esperanza, teniendo presente que, como dijo Harold Doss de su hermano Desmond, quien inspiró la película Hasta el último hombre, “cuando eres dueño de una convicción, no es una broma, es lo que eres”. Los voluntarios de este movimiento, fruto del amor misericordioso de Dios, nos tomamos nuestra labor y nuestra fe en serio, y como en la película, pedimos siempre a Dios que nos permita rescatar a uno más.

En el Congreso por la Vida supimos que el Papa Francisco conoció este año a un bebé rescatado en Croacia. Lo bendijo y exclamó frente al líder de la campaña en dicho país, “este es el trabajo más importante del mundo; luchen, luchen, luchen”. En medio del panorama nacional y mundial actual, que luce un tanto aciago, es hora de escuchar esta exhortación del Papa y seguir la invitación que nos hacía en su visita a Colombia a navegar mar adentro y a no dejarnos robar la esperanza ni la alegría. Citando una vez más a Shawn Carney, “eso es lo que es 40 Días por la Vida, una invitación a la alegría, porque cuando salvas una vida, en Colombia, en Texas o en Inglaterra, cambias el mundo para siempre”.

*Foto principal: https://www.cathopic.com/ Por #ArqTl

Sobre el Autor

Invitado