Espiritual

Claves para confesarse bien y no morir en el intento

Escrito por Santiago Peláez

 

Aprovechando la Cuaresma queremos resolver preguntas frecuentes que todos los católicos nos hacemos y tienen todo que ver con este tiempo de revisión para fortalecer nuestra amistad con Dios.

¿La confesión es para qué?

Los católicos sabemos que cuando hemos pecado en materia grave (pecado mortal) se rompe la gracia que existe entre nosotros y Dios, y es Él mismo el más preocupado por restaurar esa gracia. Pues precisamente para volver a reestablecer esa relación es que contamos con la confesión.

¿Cuándo debo confesarme?

No se necesita estar solo ante un pecado grave (aquel que requiere pleno conocimiento, consentimiento y que implique materia grave) para poder confesarse. Los pecados veniales (aquellos leves que no rompen la amistad con Dios, pero la afectan) como los chismes, faltas de respeto, faltas de pudor, etc., también deben confesarse, porque pueden volverse hábitos que terminen por anestesiarnos un poco y de esa manera propiciar el camino para faltas más graves.

Sentir que la confesión es solo para los pecados más graves y dejar de lado los que a diario podemos cometer, es como razonar que para ponerme un pantalón y que luzca bien debo solo limpiar las manchas más grandes, ya que las más pequeñas casi no se notan.

¿Por qué es tan difícil confesarse?

Confesarse no es ni mucho menos una tarea fácil. En primer lugar se necesita vencer el orgullo porque los seres humanos tendemos a justificar frecuentemente nuestras faltas o a señalar a otros como culpables. En últimas es difícil porque nos recuerda lo frágiles que somos y por lo tanto lo necesitados de la gracia de Dios.

¿Cuál es la clave para hacerlo bien?

Además de vencer nuestros respetos humanos es necesario entregarnos confiadamente a Dios y pedir la luz del Espíritu Santo para hacer una buena confesión. Por experiencia sé que cuando no he dedicado suficiente tiempo a revisar mi conciencia mis confesiones resultan incompletas, puede que identifique relativamente rápido los pecados mortales, pero dejo de lado muchos veniales.

¿Por dónde empezar?

Por lo que cueste más confesar, lo que de más vergüenza o nos esruje más el corazón. Decirlo sin vueltas y también sin justificaciones.

¿Qué resultados esperar de la confesión?

Aunque el sacramento de la confesión no es una terapia psicológica, resulta tremendamente liberador poder hablar de los dolores de nuestro corazón, y por esta vía siempre se experimenta una sensación de sanación, pero esta es más completa en cuanto más perfecto es nuestro dolor por el pecado y más decidido nuestro propósito de enmienda.

¿Cómo evitar abusar de la confesión?

Muchas veces nos puede pasar que sabiendo que la Misericordia de Dios está disponible, aflojemos y al son del refrán del que “peca y reza empata”, pequemos conscientemente. En estos casos, además del conocimiento se tuvo pleno consentimiento en el acto pecaminoso y por esa vía se abusó de la Misericordia de Dios, y por lo tanto hay que poner eso de presente al sacerdote en la siguiente confesión.

El Papa también se confiesa/Foto tomada de www.cathopic.com-Dimitri Conejo Sanz

¿Cómo motivar a otros para que se confiesen?

Si en verdad nos sentimos perdonados y a través del perdón, amados, eso se nos debe notar en el semblante y también en nuestra actitud. Qué bueno sería que si te vieran sonriente como usualmente estamos en días especiales como nuestro cumpleaños, nos pudieran preguntar a qué se debe y podamos responder con certeza: a que he recuperado la amistad con Dios.

¿Debo cumplir la penitencia tal como me fue impuesta?

Cuando el penitente termina la confesión, el sacerdote le impone una penitencia que borra su culpa temporal, pero para que esto sea efectivo hay que cumplir la penitencia en los términos en que nos la haya impuesto el sacerdote.

No hay penitencia insignificante. Si se trata de una oración, hacerla con fervor; si es una obra de caridad, vivirla con espíritu de entrega, y si se trata de una penitencia que implica devolver el mal por bien, es decir, restituir lo robado, pedir perdón por la ofensa, etc y ello conlleva poner al descubierto de otras personas diferentes al sacerdote nuestro pecado, pedirle a Dios coraje para no amilanarnos, pues ese momento de vergüenza purificará aún más nuestra alma y nos ayudará a educar nuestro amor propio.

 

Foto principal: tomada de Diócesis de Tepic. http://diocesisdetepic.mx/interes/esquema-para-una-buena-confesión/

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Santiago Peláez