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Maternidad alquilada ¿Imparable?

Escrito por Redacción R+F

Dos proyectos de ley opuestos avanzan actualmente en el Congreso colombiano en relación con el fenómeno del alquiler de vientres, también llamado, “maternidad subrogada” o “gestación por sustitución”.

Las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por intervención de una persona extraña a los cónyuges… son gravemente deshonestas.

Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2376.
Uno del senador de la U. Armando Benedetti, que busca legalizar su práctica a través de la idea del “uso solidario del vientre”, para que, según sus declaraciones a El Espectador evitar que se vuelva un negocio, defender un supuesto “derecho a la procreación”, evitar muertes y el tráfico de niños a través de la exigencia de “estándares de calidad” y su realización en “centros especializados”. El proyecto hasta ahora espera terminar su primera votación en la Comisión Primera del Senado, pero ya ha contado con el apoyo mayoritario de los senadores de esa célula legislativa, incluyendo a conservadores y senadores del centro democrático.

El otro, promovido por los congresistas del Centro Democrático Santiago Valencia y María del Rosario Guerra, que ya fue aprobado en su primer debate en la Cámara de Representantes, estaba inicialmente orientado a la prohibición de esa práctica, pero fue modificado para limitar la figura a familiares dentro del cuarto grado de consanguinidad, que presten su vientre sin contraprestación económica.

Realmente lo más humano habría sido la prohibición total de esta práctica, pues es un escalón más la desnaturalización de la maternidad y de la relación madre – hijo.

Sin embargo, la mentalidad actual de nuestro país ha sido modelada, prácticamente sin cuestionamiento alguno, bajo la idea de la legitimidad de la fecundación artificial y de la desvinculación de las costumbres sociales de la ley natural, la cual exige un respeto de la integración sexualidad – matrimonio – familia.

Como una consecuencia lógica de la aceptación social de prácticas que desvinculan la sexualidad del matrimonio, y la procreación del amor conyugal, los hijos son vistos cada vez más como un simple producto que se puede encargar a terceros, no importa si el significado de la maternidad se termina reduciendo hasta el punto de considerase el simple resultado de contratos y técnicas artificiales, o  si se termina manipulando y congelando en un laboratorio a seres humanos que en un buen número terminarán siendo desechados dentro de un proceso de control de calidad, siempre que al final, el bebé que nazca logre satisfacer el deseo personal de otra persona.

Tal vez Nicole Kidman fue una de las primeras personalidades que difundió la idea de “tercerizar” la gestación de sus hijos, cuando en 2011 decidió contratar a una mujer para que tuviera a su hija Faith Margaret en Nashville (E.E.U.U.), quien nació casi al mismo tiempo que el hijo que a través del mismo método encargaron Elton John y su pareja homosexual.

Desde entonces han surgido múltiples empresas que explotan a mujeres vulnerables, especialmente en países pobres como India o Camboya, para impulsar una lucrativa industria de embarazos por encargo, en la cual las mujeres son tratadas como meras incubadoras de bajo costo.

Recientemente fue capturada una pareja australiana que reclutaba mujeres pobres en Camboya, donde el alquiler de la maternidad está prohibida, la cual pagaba unos treinta millones de pesos a las madres de alquiler, para que tengan bebés que vendían a familias australianas por el equivalente a ciento cincuenta millones de pesos (ver y ver).

Hour Vanny, una de las madres de alquiler camboyanas que encontró la policía en esa operación, relató que aunque ya había tenido tres hijos por parto natural, el médico del negocio de maternidad subrogada le obligó a tener el hijo contratado por cesárea. “Cuando escuché el llanto volteé a ver al bebé, pero ya se lo habían llevado. Ni siquiera pude verle la cara…Estaba molesta…Amaba a la bebé y quería verla – sólo su rostro, algo – pero ¿qué podía hacer? Ya había hecho el acuerdo de forma voluntaria, había acordado darle el bebé a cambio del dinero”, relató a la prensa.

Por otra parte, la idea de que esa “tercerización” de la maternidad lleva implícita una lógica consumista, se ha confirmado a través de casos emblemáticos como el de la pareja australiana que pidió a la madre de alquiler tailandesa que abortara a uno de sus hijos, cuando se dieron cuenta que tenía síndrome de Down. Al negarse, abandonaron al bebé y sólo se llevaron a la hermana melliza que estaba sana (ver).

Padre Pedro Chiesa.

Consultamos sobre el proyecto de ley del Centro Democrático al padre argentino Pedro Chiesa, experto en temas de familia y de fertilidad, quien opinó que el proyecto presentado por Valencia y Guerra era notable y de gran profesionalidad.

Sin embargo, sugirió insistir en la propuesta de prohibición total, aunque sea poco viable, pues ve un mal mayor en la confusión de las conciencias que se generaría al difundir la idea de que católicos promovieron la legalización de los vientres de alquiler.

“Si de mí dependiera, dejaría las cosas como están (en el vacío legal), y esperando ´tiempos mejores´. En todo caso, si saliera una ley, no sería con mi apoyo. Es decir, yo creo que apoyar la ley con efectos limitados (limitando el mal), no ayuda, ni a evitar la práctica del alquiler de útero, ni a reducir el daño en la conciencia social. Más bien me parece lo contrario, empuja a que la sociedad piense que hubo católicos que apoyaron el alquiler de vientres… aunque de hecho no haya sido así, sino todo lo contrario”, agregó.

En relación con el aparente consenso jurídico entre congresistas liberales y conservadores, en cuanto a que lo mejor sería admitir el alquiler de vientres con motivaciones altruistas (“uso solidario del vientre”), Chiesa afirmó que “habría que ser un legislador muy ingenuo para pensar que la ley podría evitar el comercio y explotación de muchas mujeres bajo la simulada forma de embarazos gratuitos, y que la aprobación de este tipo de contratos denota poca preocupación por la creciente trata de personas, el tráfico de órganos y otros abusos que, a nivel internacional, padecen especialmente mujeres indefensas; además, la mujer que alquila su vientre se expone a serios riesgos de tipo psíquico en razón de sentimientos contradictorios que podrían afectarla el resto de su vida: celos, envidia, miedo, desconfianza, arrepentimiento…”.

 Fuentes: El Espectador, CHIESA,  Pedro José María, Revista del Foro de Cuyo (Argentina), febrero de 2013 (pp. 13-36). Imagen: conceptualoptions.com

 

Para saber más:

Diagnóstico: Explotación de mujeres con fines reproductivos.
PL Conciliación. Comparativo original y enmiendas debate
Ponencia Debate en Plenaria de la Cámara de representantes

Debate en RCN sobre proyecto de Vientres de Alquiler:

Documental del canal ruso RT Vientres de alquiler: ¿dilema moral?

Documental Vientre del mundo: