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Mamá “de alquiler” entregó recién nacido sin saber que era su hijo

Escrito por Redacción R+F

Mientras la prensa internacional hace eco de la paradójica historia de la estadounidense Jessica Allen, que alquiló su vientre y durante el embarazo volvió a quedar embarazada de su propio hijo, en Colombia se volvió a presentar un proyecto de ley para prohibir la llamada “maternidad subrogada” por las implicaciones en la cosificación y mercantilización de la persona humana.

El Washington Post reportó el pasado 28 de octubre el curioso y dramático caso de una mujer en EE. UU., Jessica Allen, de 31 años, quien por 90 millones de pesos alquiló su vientre para tener los hijos biológicos de otra pareja, un matrimonio chino que había contratado a la agencia “Omega Family Global” en California, donde ese tipo de procedimiento es legal.

En abril de 2016 la mujer se sometió a un procedimiento de fecundacion in vitro y semanas más tarde los exámenes mostraron que esperaba gemelos.

La pareja china, la familia Liu, se alegró de la posibilidad de tener gemelos y le reconocieron una compensación adicional por el otro hijo de 15 millones de pesos.

En diciembre de 2016 Jessica Allen dio a luz a los bebés por cesárea y los entregó sin tener ningún contacto con ellos a pesar de que, según le contó a la revista People, el contrato estipulaba que podrían pasar hasta dos horas juntos.

La razón para impedir el contacto con los recién nacidos en los casos de vientres de alquiler es impedir todo apego entre la madre y su hijo, lo cual dejó a Jessica emocionalmente desgarrada. Solo pudo ver una foto de celular de los bebés recién nacidos y notó que se veían diferentes, uno tenía la piel más oscura que el otro y tampoco parecía chino.

Malaquías. Imagen: Revista People.

Un mes después recibió más fotos de los bebés y en efecto era muy notorio que los bebés no eran gemelos. La señora Liu le escribió a Jessica por chat “¿no se parecen verdad?, tienes idea de porqué son diferentes?”, explicándole que pensaba que uno de los bebés no era de ella.

Lo que sucedió fue a pesar de haber usado condones y estar embarazada, tuvo lugar un extraño fenómeno denominado superfetación (sólo se han registrado 10 casos a lo largo de la historia de la medicina), en el que la mujer sigue ovulando a pesar de estar embarazada, y finalmente queda embarazada de otro bebé que se desarrolla en un saco amniótico diferente, pero no son mellizos ni gemelos.

Lo siguiente fue hacerse una prueba de ADN, con la que pudieron comprobar que el otro bebé era el hijo biológico de Jessica y su esposo Wardell Jasper, con quien ya tenía otros dos hijos.

La batalla jurídica por recuperar a su hijo

Jessica narró al diario The Indepedent de Inglaterra: “me sentí devastada al saber que estuve embarazada de un bebé que no sabía que era mío, que me lo quitaron sin mi conocimiento y ahora  estaba en brazos de otras personas a las que no les pertenecía”.

Así comenzó una dura y costosa batalla jurídica para recuperar a su hijo Malaquías. La agencia de alquiler de vientres les informó que la familia Liu devolvió al niño, porque no les correspondía biológicamente y, además, pidieron el equivalente a 66 millones de pesos como compensación.

La pareja quedó impactada por la exigencia y por los obstáculos que le presentó la agencia para poder reunirse con su hijo. Según contó Jessica al New York Post, la agencia “Omega Family Global”estaba enfocada en buscar padres adoptivos que asumieran el costo indemnizatorio que exigían los Liu, al tiempo que estos estaban pensando en darlo por su cuenta en adopción, ya que legalmente eran los padres del niño.

Malaquías con sus hermanos biológicos. Imagen: Revista People.

“Le dije de forma directa a la agencia que queríamos nuestro hijo de vuelta, pero si nos quedamos con él teníamos que pagar la indemnización. Era como si nuestro hijo fuera una mercancía y tuviéramos que pagar para poder adoptar un bebé que era nuestra propia sangre y carne. Adicionalmente nos informaron que teníamos que pagar otros 7.000 dólares [unos 20 millones de pesos] por los gastos administrativos y del cuidado del bebé. Tuvimos que invertir 3.000 dólares en abogados y pasamos por una negociación muy difícil con la agencia. Fue una batalla cuesta arriba, pero finalmente nos redujeron los ‘costos’ y no tuvimos que pagarle la indemnización a los Liu”.

Después de dos meses de pesadilla, el 5 de febrero de este año, en un parqueadero de Starbucks Jessica y su esposo pudieron reencontrarse con su hijo Malaquías, quien cumplirá un año en diciembre próximo. Fue muy conmovedor cuando por fin pudieron abrazar y besar a su hijo, como le relataron al Washigton Post: “no esperábamos aumentar nuestra familia tan pronto, pero amamos a Malaquías con todo nuestro corazón. No me arrepiento de haber sido madre de alquiler, porque equivaldría a rechazar a mi hijo. Solo espero que otras mujeres que estén considerando alquilar sus vientres puedan aprender de mi historia”.

La feminista Kajsa Ekis Ekman. Imagen: saralidman.se

“Se le pueden poner muchos nombres, pero al final lo que se está haciendo es comprar un bebé por internet”.

La batalla jurídica los dejó muy endeudados, y todavía no han logrado obtener el certificado de nacimiento ni la seguridad social de Malaquías. “A duras penas estamos estabilizándonos. Fue muy estresante y desgastante emocionalmente porque la agencia se volvió en contra nuestra”, dijo Jessica a la revista People, agregando que no habrían podido vivir sabiendo que, de no haber luchado por su hijo, estaría en manos de otra familia. “Jamás en mi vida volvería a ser madre ‘sustituta’”, concluyó.

De acuerdo con el Centro de Control de Enfermedades, entidad oficial que lleva las estadísticas de salud en Estados Unidos, del total de nacimientos aproximadamente el 1,6% lo hace a través de técnicas de reproducción asistida, el doble que en la década anterior, las cuales desconocen la dignidad del ser humano en estado embrionario, así como la naturaleza de la maternidad.

En una nota escrita por Carolina Chmielak, el Centro de Bioética de Argentina explicó que este caso es un “lamentable ejemplo de la ‘lógica productiva’ propia de estas técnicas: el hijo – en realidad los hijos, no podemos dejar a un lado a aquel que fue dado a la pareja subrogante- es concebido como “producto” o  “mercancía” y no como ser humano”. Si el bebé en gestación fuera tratado como un sujeto no podría ser objeto de transacción comercial… De alguna u otra forma esto mismo lo explica la madre biológica del menor, quien expresamente reconoce que su hijo biológico fue tratado como una cosa, siendo al mismo tiempo  objeto constante de negociaciones. Cuando la sociedad logre despojarse de su mirada adultocéntrica y deje a un lado la lógica mencionada precedentemente, comprenderá que la realidad biotecnológica de la ‘maternidad subrogada’ apunta contra la dignidad e interés superior del menor”.

Interesante crítica feminista y marxista al alquiler de vientres

Imagen: Marcial Pons.

La sueca Kajsa Ekis Ekman publicó recientemente el libro “El ser y la mercancía”, en el que explica cómo en la práctica del alquiler de vientres confluyen diferentes líneas de pensamiento que tienen como común denominador una nueva forma de sometimiento de las mujeres.

Comentando la noticia del nacimiento de los gemelos que el futbolista del Real Madrid “obtuvo” a través de esa práctica, la autora señaló cómo de la madre gestante lo único que se sabe es el precio que recibió por concebirlos, reduciendo su rol al de ser una “fábrica de bebés”, y lo más preocupante es que la sociedad se acostumbra a una nueva realidad en la que la mujer solo es un engranaje de una industria que vende niños.

En su libro Ekman analiza dos industrias de comercialización de la mujer, examinando tanto la prostitución sexual como la prostitución reproductiva.

De acuerdo con el análisis que hizo Laura Belén Yachelini del Centro de Bioética de Argentina, Ekman rechaza la versión que defiende que la subrogación altruista es mejor que la comercial e insiste en la importancia de que los países no cedan: “en este debate hay también un fondo de chantaje: si las mujeres de Europa no lo hacen gratis, iremos a explotar a otras en Nepal o La India”.

Ekis Ekman también describe cómo las madres viven el llamado “altruismo eufórico” después de dar a luz, pero que luego de unos años se produce un cambio. Cita como ejemplo el caso de 18 madres de alquiler de Estados Unidos que en la década de los ochenta se asociaron para combatir esta técnica, argumentando que al cabo de seis meses aproximadamente empezaron a sentir algo diferente, lo que las llevó a reflexionar y arrepentirse de haber tomado esa decisión.

La escritora concluye que la reglamentación de la actividad no constituye un freno a la inmoralidad que supone: “se vende hasta la vida misma, y la campaña publicitaria nos dice que se trata de amor y de libertad”.

Tercer intento en Colombia para su prohibición

Los congresistas del Centro Democrático María del Rosario Guerra y Santiago Valencia radicaron el pasado 8 de noviembre un proyecto de ley para prohibir la maternidad subrogada. Este es el tercer intento del Congreso de la República para prohibir la práctica, mientras que la Corte Constitucional a través de la Sentencia T 968 de 2009, con ponencia de María Victoria Calle, pidió que se regulara al considerarla un opción válida.

Por su parte, Angélica Lozano y Claudia López han intentando permitirla legalmente bajo el concepto de “uso solidario del vientre”, lo cual le permitiría a parejas del mismo sexo “tener hijos” con material genético de al menos uno de los miembros de la pareja.

 

 

Foto de portada: Revista People. 

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