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El Huracán que votó por el “no”.

Escrito por Santiago Quijano

En un país en el que siempre ganan los malos resulta desconcertante que, así sea por una vez, de pronto ganen los buenos. Todavía no se lo cree nadie, ni los que votaron por el “no”. ¿Cómo es posible que el pueblo raso haya podido derrotar a la combinación de todos los males nacionales, confabulados en torno al “si”? Con el “si” estaban desde los narcos hasta los bancos, pasando por todos y cada uno de los manzanillos y politiqueros que ha podido comprar el gobierno. Para contemporizar con la vieja izquierda, con el “si” estaban todas las oligarquías dueñas del país, mientras que el “no” se dibujaba como una solitaria, torpe y terca oposición al establecimiento, ya no solo nacional, sino mundial.

La unión entre las FARC, el gobierno y su dinero, toda la prensa más los ñoños y las maquinarias fueron una alianza formidable por el “si” que todo Colombia creyó invencible. Pero cayó un huracán en la costa atlántica.  

Lo anterior lo evidenció una de las campañas más desiguales y abusivas de nuestra historia. Toda la prensa, televisiva, impresa y radial apoyaba el “si”. Sin ningún tipo de vergüenza el gobierno despilfarró en pautas y engañosa “promoción” recursos ridículamente altos para un país tan pobre. El “no” a duras penas pudo poner contadas vallas – muchas de las cuales fueron retiradas por orden administrativa- no tuvo espacios televisivos ni radiales y su campaña, pobre y desorganizada, consistió de memes compartidos por Whatsapp y Facebook. Ni en el plebiscito de Chile de 1988 – bajo plena dictadura de Pinochet- la opción contraria al gobierno tuvo tan pocas garantías, pues allí al menos el “no” tuvo una franja en la televisión.

La unión entre las FARC, el gobierno y su dinero, toda la prensa más los ñoños y las maquinarias fueron una alianza formidable por el “si” que todo Colombia creyó invencible. Pero cayó un huracán en la costa atlántica que dificultó una cantada y masiva compra de votos, la misma con la que Santos fue elegido hace tres años.

Aunque de pronto no solo fue el huracán, tal vez el show de Cartagena fue contraproducente. Ver a Timochenko hablando sobre la importancia de proteger a los niños rodeado de los dos últimos dictadores del continente, Maduro y Castro, pudo ser un gesto de cinismo muy osado que indignó a muchos. Las amenazas de Santos si ganara el “no”, sus arrogantes declaraciones porque hacía “lo que le diera la gana”. Todos nuestros “líderes de opinión” – tan escuchados y tan despreciados a la vez- desde Julio Sánchez hasta el grotesco Samper Ospina arengando como loros en favor del “si”. Cesar Gaviria, Ernesto Samper y Horacio Serpa gritando enardecidos por el “si”, en fin, lo peor de nuestra clase política promoviendo la incorporación de las FARC a su podrido establecimiento. Y las frases falaces, que “es mejor una paz imperfecta a una guerra perfecta”, que “tenemos que parar de matarnos”, como si los del “no” fueran unos auténticos imbéciles que quieren vivir en medio de la guerra civil. Quizás todo eso generó cierto enfado colectivo que se desahogó votando el domingo por el “no”. O quizás sencillamente fue el huracán, lo cierto es que poquísimas veces hemos verificado que el sencillo pueblo colombiano derrote electoralmente al establecimiento político y mediático que siempre lo manipula. Aún no lo podemos creer.